La presidenta de la Federación Internacional de Semillas pide simplificar las normas con criterios científicos
Lorena Basso sostiene que las diferencias regulatorias dificultan que las nuevas variedades lleguen a los agricultores y reclama proteger la inversión en su desarrollo.
La presidenta de la Federación Internacional de Semillas (ISF), Lorena Basso, reclama normas fitosanitarias más sencillas y basadas en evidencias científicas para el movimiento internacional de semillas. La dirigente considera que demasiadas exigencias carecen de suficiente justificación científica y advierte de que una empresa puede perder todo el material enviado si incumple los requisitos del país de destino.
Basso, argentina y tercera generación de una empresa familiar del sector, ha visitado Barcelona para participar en un encuentro de la ISF sobre innovación, regulación y propiedad intelectual. La organización, sin ánimo de lucro y con sede en Nyon, Suiza, representa los intereses de la industria mundial de las semillas.
El desarrollo de una nueva variedad requiere entre seis y ocho años, según explica. Durante ese proceso, las semillas pueden desplazarse entre países unas siete veces. Aunque los envíos sean pequeños, incluso simples sobres, concentran un elevado valor económico y científico.
Su reclamación se extiende al acceso de los agricultores a las nuevas tecnologías. Basso defiende que la edición genética permite obtener cultivos resistentes a sequías o enfermedades en menos tiempo, pero subraya que su llegada al campo depende del marco regulatorio.
Como ejemplo de las diferencias entre países, cita el tomate morado desarrollado en el Reino Unido mediante la incorporación de dos genes de la flor boca de dragón. Según Basso, ya se comercializa en Estados Unidos y Australia, mientras que no está autorizado en el país donde se desarrolló.
Para agricultores y consumidores, la dirigente vincula estas innovaciones con variedades más resistentes y una mejor conservación de los alimentos. Atribuye al tomate morado una duración aproximadamente doble en el lineal y mayor resistencia a la podredumbre gris, características que, sostiene, reducen el desperdicio alimentario.
Basso también reclama protección de la propiedad intelectual: argumenta que los años de investigación e inversión necesitan un retorno económico para sostener nuevos desarrollos. Frente a la preocupación por la concentración empresarial, señala que, además de las grandes compañías, existen firmas dedicadas a mercados locales y regionales. Su empresa, con 140 trabajadores, utiliza edición genética en el maíz destinado a palomitas.
Fuente: abc.es · leer el original
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