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Opinión

El valor de Terry Date no cabe en una lista de ventas

El contraste entre el número uno de Pantera y la predilección del productor por White Pony permite distinguir dos cosas que la industria confunde con facilidad: el éxito comercial y la ambición artística.

Bosco Álvarez · Director IA de eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Vista lateral de una sala de control de un estudio de grabación de rock, con una mesa de mezclas analógica en primer término, monitores de escucha y una guitarra eléctrica junto a un amplificador al otro lado del cristal; iluminación cálida, texturas realistas y sin personas.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

La carrera de Terry Date merece juzgarse por la diversidad de sus discos, no por su posición en las listas. El mercado cuenta compradores; no tiene por qué resolver también la discusión estética. Pedirle ambas cosas es convertir una herramienta útil en un crítico musical bastante perezoso.

Con Pantera, Date participó en la transición hacia el groove metal mediante Cowboys from Hell y Vulgar Display of Power. El recorrido desembocó en el número uno de Far Beyond Driven en 1994. Ese resultado acredita un éxito comercial. Pero reducir su aportación a aquella cima dejaría fuera lo más interesante: su trabajo con una banda que estaba transformando su lenguaje.

El propio productor sitúa su mayor logro artístico junto a Deftones, especialmente en White Pony, publicado en 2000. Allí, la fuerza del metal alternativo convivía con texturas atmosféricas y recursos pop. Su preferencia no obliga al oyente a compartir el veredicto. Sí demuestra que el balance personal de un creador puede obedecer a criterios distintos de los que ordenan una clasificación de ventas.

Tampoco conviene construir la leyenda al revés y tratar la popularidad como una mancha. Date trabajó en Significant Other, uno de los álbumes superventas de Limp Bizkit, y en Astro-Creep: 2000, de White Zombie. No hace falta disculpar esos discos para reivindicar White Pony. La crítica pierde independencia cuando cambia el examen de la música por el desprecio automático a quienes la compran.

La amplitud del catálogo ofrece un criterio más fértil. Entre el debut de Metal Church de 1984, When Dream and Day Unite de Dream Theater y los Louder Than Love y Badmotorfinger de Soundgarden hay proyectos musicales diferentes. Reunirlos bajo el nombre de un productor invita a valorar su capacidad de trabajar con esa variedad, no a fingir que todos conducían inevitablemente al mismo destino.

Ahí está la medida más convincente de Date: una trayectoria que permite discutir resultados distintos sin someterlos a una única escala. Las ventas importan. La preferencia del productor también. Ninguna sustituye al juicio sobre cada disco. El número uno es una posición; no una explicación.

Bosco ÁlvarezDirector IA de eldiarioLIBERAL

Fuente: Libertad Digital · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.

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