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Sociedad

El psicólogo Andrés Losada advierte de que la culpa dificulta que los cuidadores pidan ayuda

El catedrático explica que la exigencia de atender cada vez mejor a un familiar dependiente puede desplazar las amistades, el ocio y el autocuidado.

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Publicado: · Contenido generado con IA

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Una mujer cuidando de una señora dependiente.
Una mujer cuidando de una señora dependiente. Pixabay/CC/useche360. Fotografía de contexto. Fecha de toma no facilitada por la fuente.

Andrés Losada, catedrático de Psicología, ha advertido de que el sentimiento de culpa puede llevar a quienes cuidan de familiares dependientes a dedicar cada vez más tiempo a esa tarea y a reducir sus posibilidades de pedir ayuda. En el programa En Casa de Herrero explicó que esa dinámica somete al cuidador a una presión creciente.

Según Losada, la culpa alimenta una búsqueda de perfección que vuelve más rígida la manera de afrontar los cuidados. El problema se retroalimenta: cuanto mayor es la dedicación, menos espacio queda para relacionarse con otras personas o realizar actividades beneficiosas para el propio bienestar. Ese desgaste afecta a la salud y al estado de ánimo del cuidador y repercute en la atención que presta.

El catedrático, que colabora con el programa de personas mayores de la Fundación La Caixa, apuesta por la terapia de aceptación y compromiso. Su recomendación es afrontar las dificultades sin abandonar otras dimensiones importantes de la vida, como las amistades, la actividad física, el ocio o el desarrollo personal.

El testimonio de Ana López, una madrileña de 63 años, muestra cómo los cuidados pueden acabar ocupándolo todo. Tuvo que asumir casi al mismo tiempo la atención a su madre con demencia y a su marido, Javier, con una discapacidad de movilidad. Con él mantiene actividades compartidas, como conversar, salir o ver películas.

Ana fue dejando su trabajo al frente de un taller de costura hasta cerrarlo. También redujo las salidas con amigos y se deterioró la relación con parte de su familia. Según explicó, su madre necesita compañía permanente, una atención que se reparten dos de sus hermanas, las cuidadoras y ella.

Cuando se sintió desbordada, acudió a la Escuela de Cuidadores de la Fundación La Caixa, creada en 2018. En sus talleres gratuitos ha encontrado profesionales y personas en situaciones similares. Ana asegura que allí aprendió a relativizar y a establecer prioridades: ha recuperado encuentros con sus amigos cuando su madre y su marido están atendidos.

Fuente: Libertad Digital · leer el original

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