Un médico del AVE accidentado en Urda improvisó un torniquete con un cinturón para auxiliar a un joven
Juan Manuel Ramírez, especialista de urgencias del Hospital Universitario Fundación Alcorcón, organizó la ayuda de otros pasajeros y atendió a los heridos hasta incorporarse al dispositivo de emergencias.
Juan Manuel Ramírez utilizó un cinturón para hacer un torniquete a un joven que había perdido un brazo en el accidente ferroviario de Urda, en Toledo. Según relata el médico, que viajaba en el convoy, la falta de material sanitario le llevó a improvisar para controlar la hemorragia mientras llegaban los equipos de emergencia.
El especialista de urgencias y emergencias del Hospital Universitario Fundación Alcorcón se dirigía a Sevilla para visitar a su madre. Ocupaba una plaza en el coche 1, situado en la parte trasera del tren. Recuerda que el frenazo lo lanzó hacia delante y se golpeó contra el asiento. A su lado, uno de los asientos llegó a arrancarse.
Tras incorporarse, se identificó como médico y atendió a varios pasajeros con pequeñas contusiones. Cuando la situación en su vagón parecía controlada, salió por una ventana y avanzó hacia la cabecera del convoy. Allí encontró heridos de mayor gravedad y comenzó a valorar quién necesitaba asistencia más urgente.
Ramírez pidió a quienes podían moverse que se apartaran para organizar el espacio y facilitar la atención. También coordinó a los pasajeros que se acercaron a ayudar. A ellos se sumó un traumatólogo jubilado, según recuerda el facultativo, miembro de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias.
Para inmovilizar y trasladar a los afectados emplearon piezas resistentes del tren. Cuando llegaron los primeros agentes de la Guardia Civil, el médico colaboró con ellos para sacar a una persona del interior sobre una puerta del convoy, porque todavía no disponían de camillas.
A los sanitarios que acudieron después les transmitió las lesiones y el estado de los pacientes que había valorado. Calcula que transcurrió alrededor de media hora hasta la llegada de los primeros equipos sanitarios, aunque advierte de que perdió la noción del tiempo durante la intervención.
Ramírez permaneció ayudando hasta bien entrada la tarde y vigiló la evolución de dos o tres heridos relativamente estables. Pese a su formación para atender catástrofes, asegura que nunca había afrontado una situación de esa magnitud en su ejercicio profesional.
El médico describe el alivio de haber sobrevivido junto al impacto emocional de lo presenciado y la impotencia de no poder auxiliar a todos. Tras llegar a la estación de Atocha, recibió una primera asistencia psicológica.
Fuente: elmundo.es · leer el original
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