Un estudio identifica en Granada dos fragmentos de hace 7.200 años como el posible cuero más antiguo
Las piezas, recuperadas de un muro minero en la Cueva de los Murciélagos, proceden de cabras domésticas. Los investigadores creen que pudieron formar parte de un protector de pecho para usar el arco que acompañó a una persona enterrada allí.
Dos fragmentos de piel curtida encontrados en la Cueva de los Murciélagos, al sur de Granada, tienen unos 7.200 años y podrían ser el cuero más antiguo conservado, según una investigación publicada en PLOS ONE. La datación por carbono-14 y el análisis arqueológico han permitido establecer su antigüedad y reconocer cómo fueron trabajados, curados y punteados.
Los investigadores recuperaron las piezas entre las piedras de un muro construido por mineros en el siglo XIX. Francisco Martínez, arqueólogo de la Universidad de Alcalá y autor sénior del estudio, explica que aquellas explotaciones alteraron los enterramientos: los trabajadores retiraron cuerpos y ajuares como si fueran sedimentos y reutilizaron parte de los materiales para acondicionar el interior de la cueva.
El cuero conserva ADN humano antiguo, una señal que los autores interpretan como resultado del contacto con una de las personas enterradas. Su hipótesis es que perteneció a una prenda, posiblemente un peto que protegía el pecho durante el uso del arco. En este mismo yacimiento se habían encontrado los restos de arcos y flechas más antiguos de Europa.
Los restos de pelo adheridos a las muestras apuntaban a un animal del género caprino. El análisis genético permitió precisar su origen: eran cabras domésticas, no monteses. Aunque existen indicios indirectos de curtido anteriores, como útiles de hueso para coser pieles, estos fragmentos aportarían la evidencia material más antigua de cuero.
El hallazgo también permite estudiar los primeros rebaños domésticos de la península. Kevin Daly, investigador en paleogenómica del University College Dublin y coautor del trabajo, sitúa la aparición de la agricultura y la cría de animales en territorio ibérico hace unos 7.700-7.600 años. Las pieles analizadas serían, por tanto, de cabras que ya se criaban en la península.
Su ADN muestra una relación con cabras recuperadas en yacimientos de Anatolia, en la actual Turquía. Esa conexión respalda la expansión hacia el oeste de las poblaciones que llevaron consigo la agricultura y la ganadería durante el Neolítico.
La comparación genética apunta además a un vínculo con la cabra bermeya de Asturias. Daly advierte de que la escasez de ADN conservado impide conclusiones contundentes, aunque permite inferir una relación entre esa raza y los primeros rebaños llegados a la península. Según la Asociación de Criadores de Cabra Bermeya, quedan apenas 3.000 ejemplares adultos.
Fuente: elpais.com · leer el original
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