Puente debe explicar por qué rechazaba una dimisión que dice haber decidido
La contradicción entre los argumentos con los que defendió su continuidad y la fecha que atribuye a su decisión de marcharse afecta a la credibilidad de sus explicaciones públicas.
Óscar Puente debe aclarar por qué defendió seguir en Transportes cuando, según su explicación posterior, ya había decidido dimitir. No es una cuestión secundaria de calendario: los ciudadanos tienen derecho a saber si los argumentos que reciben de un ministro expresan su criterio o sostienen una posición que él mismo ha abandonado.
Durante la semana del accidente, Puente justificó su permanencia con razones personales y políticas. Presentó la renuncia como una salida fácil que no encajaba con su carácter y cuestionó qué consuelo podía proporcionar a las víctimas. No estaba limitándose a aplazar un anuncio: estaba defendiendo públicamente que marcharse no era la respuesta adecuada.
Después, al anunciar su salida ante la Diputación Permanente del Congreso, sostuvo que había tomado la decisión en los primeros minutos de la tragedia. También trasladó a los periodistas que acababa de comunicársela a Pedro Sánchez. Decidir, comunicar y anunciar son momentos distintos, pero distinguirlos no resuelve la contradicción entre una decisión supuestamente adoptada y los argumentos empleados después para rechazarla.
Un ministro puede cambiar de criterio. Reconocerlo sería más transparente que presentar como constante una posición que sus intervenciones públicas no permiten reconocer. Si hubo una reconsideración, corresponde explicar qué la produjo. Si la decisión estaba tomada desde el principio, corresponde explicar por qué se defendió la contraria ante los ciudadanos.
La justificación final también cambió el terreno del debate. Puente sostuvo que un ministro de Transportes no podía continuar después de dos accidentes de esa gravedad, tuviera o no responsabilidad directa. Ese criterio institucional es distinto del consuelo individual que antes había utilizado para cuestionar la utilidad de su renuncia.
Nada de esta contradicción demuestra una responsabilidad técnica en los accidentes, ni permite atribuirle una intención oculta. Sí ofrece una razón concreta para exigir precisión en su rendición de cuentas. La salida del cargo no vuelve irrelevantes las explicaciones ofrecidas mientras se ocupaba.
Aceptar una dimisión no obliga a aceptar sin examen el relato que la acompaña. Puente puede haber rectificado; lo que no debería reclamar es que se confunda una rectificación con una coherencia que todavía necesita explicar.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
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