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Opinión

El crecimiento no sustituye al poder adquisitivo como examen del Gobierno

Ni el aumento del PIB garantiza respaldo electoral ni una derrota demostraría que crecer perjudica a los ciudadanos. La exigencia política debe centrarse en cómo se traduce la actividad económica en bienestar.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Escena editorial realista en una cocina doméstica española: una persona adulta completamente ficticia, con el rostro visible y nítido en encuadre de tres cuartos, revisa una calculadora y recibos junto a una bolsa de alimentos sobre la mesa, con luz natural y sin marcas comerciales ni cifras legibles.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

El Gobierno debe responder por la mejora del nivel de vida, no solo por el tamaño de la economía. Esa exigencia permite cuestionar el balance de Pedro Sánchez sin caer en una paradoja engañosa: que al PSOE le vaya a perjudicar precisamente que España crezca. El crecimiento y su traducción al bolsillo son cuestiones relacionadas, pero no intercambiables.

José García Domínguez sostiene que el aumento del empleo y del PIB convive con salarios reales estancados y servicios públicos sometidos a una demanda creciente. Su pronóstico es que esa distancia acabará castigando electoralmente al PSOE. El argumento político relevante está en la distancia entre los indicadores y la experiencia cotidiana, no en dar por decididas unas elecciones.

Crear empleo y mejorar la capacidad de compra son objetivos compatibles. Un balance centrado en la afiliación responde a cuántas personas trabajan, pero no resuelve por sí solo qué pueden adquirir con su remuneración. Exigir ambas cosas no supone despreciar el empleo: supone rechazar que un indicador favorable cierre la discusión sobre el bienestar.

Tampoco conviene convertir a los trabajadores inmigrantes en explicación automática de los problemas salariales. García Domínguez atribuye a la inmigración el sostenimiento de empleos mal pagados. Pero la crítica al modelo productivo debe dirigirse a las condiciones que hacen viable ese modelo, no confundir a quienes aceptan un trabajo con quienes tienen la responsabilidad política de facilitar mejores oportunidades.

La misma distinción importa en los servicios públicos. Si aumenta la demanda, el examen de sus gestores debe atender a su capacidad para responder. Presentar el crecimiento de usuarios como explicación suficiente desplaza la rendición de cuentas: administrar exige ajustar recursos y organización a las necesidades, no limitarse a contabilizarlas.

Ese criterio debe aplicarse también al PP y a Vox. La alternancia no acredita por sí misma una política económica mejor. Gobierno y oposición deberían someter sus propuestas al mismo examen: empleo, capacidad de compra y funcionamiento de los servicios. El PIB importa; convertirlo en absolución del poder, o en culpable del malestar, impide discutir lo esencial.

Fuente: Libertad Digital · leer el original

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