‘Fiesta Pagäna’: la fuerza de una escena no demuestra que sucediera
La película sobre Mägo de Oz plantea un problema que va más allá de su disputa con la banda: un relato convincente puede fijar como recuerdo colectivo episodios que sus protagonistas niegan.
‘Fiesta Pagäna’ puede construir un drama sobre Mägo de Oz, pero la intensidad de sus escenas no debe confundirse con su valor como testimonio. Esa distinción resulta decisiva cuando una película representa a personas reales y convierte sus conflictos en el motor de la narración.
Dirigida por Álvaro Brechner y producida por Eterno Island Pictures, la cinta recorre la trayectoria del grupo desde su formación en 1988 hasta la ruptura con José Andrëa en 2011. El enfrentamiento entre el cantante y el baterista Txus Di Fellatio organiza una historia en la que la ambición musical comparte espacio con las disputas personales.
Hay un ejemplo especialmente revelador: la película presenta una presunta pelea a puñetazos sobre el escenario que Di Fellatio ha desmentido. No es una discrepancia menor para la interpretación del personaje. Una discusión y una agresión física no cuentan lo mismo sobre alguien, aunque ambas puedan servir al guion para representar una ruptura.
El problema no consiste en exigir al cine que funcione como un expediente judicial. La ficción necesita seleccionar, condensar y dramatizar. Pero esas libertades tampoco convierten sus imágenes en pruebas. Las escenas de consumo de cocaína pertenecen al retrato cinematográfico; su espectacularidad no acredita por sí misma las cantidades ni los comportamientos que muestra.
La controversia exterior añade otra capa, sin resolver esa cuestión. La banda ha demandado a la productora por el registro del título, mientras su cantante y su guitarrista han compuesto la canción oficial y han asistido al estreno en México sin informar a sus compañeros. Ni la oposición de unos invalida automáticamente la película ni la colaboración de otros certifica cada episodio.
También conviene separar al personaje de su explicación psicológica. Presentar a un líder enfrentado al reconocimiento que recibe su cantante ofrece un mecanismo dramático eficaz. Dar por demostrado que la envidia explica una trayectoria colectiva exige algo distinto de una caracterización persuasiva.
La película se estrena el viernes con ese doble atractivo: la historia musical y la disputa sobre cómo contarla. Puede juzgarse por su capacidad de emocionar sin concederle autoridad definitiva sobre lo ocurrido. La libertad para dramatizar una vida no obliga al espectador a tomar la dramatización por biografía probada.
Fuente: abc.es · leer el original
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