El aplauso a Puente confunde la solidaridad de partido con la respuesta a las víctimas
El PSOE tiene derecho a arropar a quien ha dejado Transportes. Pero una ovación entre compañeros no acredita la calidad de la respuesta del Gobierno al accidente de Urda.
La solidaridad con Óscar Puente no puede convertirse en el criterio con el que el PSOE evalúe su respuesta a la tragedia de Urda. Un partido puede consolar a los suyos. El problema empieza cuando ese consuelo ocupa el lugar de la explicación pública. Los aplausos sirven para expresar afecto; como mecanismo de rendición de cuentas, tienen una acústica excelente y ninguna utilidad.
En el mitin de Valencia, Diana Morant dedicó unas palabras de apoyo a Puente y los asistentes respondieron poniéndose en pie, aplaudiendo y coreando su nombre. La escena tiene un significado político concreto: el partido arropa al dirigente que acaba de abandonar Transportes. No demuestra nada, en cambio, sobre la gestión ferroviaria ni sobre la atención prestada a los afectados.
Pedro Sánchez defendió en ese mismo acto que lo importante ante una tragedia es cómo se reacciona después. Sostuvo también que el Gobierno había acompañado a las víctimas y a sus familiares y que estaba con los heridos. Ese es el terreno en el que debe examinarse su actuación: el de lo que el Ejecutivo hace por los afectados, no el de cuánto entusiasmo consigue reunir alrededor de un compañero.
Tampoco conviene sustituir ese examen por una competición de gestos. Sánchez no asistirá al funeral de Toledo, pero el Gobierno estará representado por Carlos Cuerpo y Milagros Tolón. Su ausencia permite discutir sus prioridades; no autoriza a afirmar que no habrá representación del Ejecutivo. La crítica pierde fuerza cuando necesita borrar los matices.
La defensa socialista de que hacer campaña es legítimo resulta atendible. Una tragedia no cancela la actividad política. Ahora bien, conservar el derecho a celebrar mítines no convierte en acertado cualquier mensaje pronunciado dentro de ellos. La legitimidad del acto y la pertinencia de su puesta en escena son cuestiones distintas.
El error es utilizar la cohesión interna como respuesta hacia fuera. Las víctimas no necesitan compartir el cariño de la militancia por Puente para merecer atención y explicaciones. El PSOE puede dedicarle una ovación. Lo que no puede hacer es presentarse a sí mismo como destinatario y juez de su propia empatía.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.
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