Seguir al mando no exime a Puente de rendir cuentas
La continuidad del ministro de Transportes debe juzgarse por sus explicaciones y su capacidad para corregir fallos, no por su resistencia a la oposición ni por el respaldo del presidente.
Óscar Puente no puede convertir su voluntad de seguir al mando en una respuesta suficiente a la colisión ferroviaria de Urda. Permanecer en el cargo exige rendir cuentas; dimitir tampoco sustituiría la explicación de lo ocurrido. La responsabilidad política no consiste en elegir entre esas dos opciones antes de examinar las decisiones de quien dirige el departamento.
El ministro ha defendido su continuidad con dos argumentos: considera que ahora le corresponde explicar y revisar lo sucedido, y sostiene que Pedro Sánchez no le ha pedido que se marche. El primero establece una obligación que puede ser evaluada. El segundo acredita un respaldo político, pero no demuestra que su gestión haya sido adecuada. Confundir ambos planos dejaría el control del Gobierno reducido a la confianza entre sus integrantes.
En su comparecencia del viernes, Puente afirmó que los trenes estaban detenidos y situó después de ese momento las decisiones del centro de control. También defendió la seguridad del sistema y expresó su confianza en Adif y sus trabajadores. Son afirmaciones del ministro que deben sostener una explicación verificable de la secuencia del accidente, no funcionar como conclusiones que cierren el debate.
Hay, además, una distinción indispensable entre esclarecer una actuación técnica y valorar la dirección política. No cabe atribuir al ministro una decisión operativa por el mero hecho de ocupar el cargo. Pero tampoco basta con localizar una actuación en un centro de control para dar por examinadas las responsabilidades de supervisión. Cada nivel requiere sus propias explicaciones.
Puente también cuestionó qué consuelo proporcionaría su dimisión a las víctimas. Ese no es el criterio pertinente. La rendición de cuentas no promete reparar una pérdida personal: permite evaluar si un responsable público debe conservar las competencias que ejerce. Su utilidad institucional no puede medirse por el alivio emocional que produzca.
La comparecencia prevista en el Congreso el martes debería centrarse en esas cuestiones, no en una competición de reproches sobre accidentes anteriores. El respaldo de Sánchez permite a Puente continuar, pero no lo exonera de justificar esa continuidad. Seguir al mando solo resulta defendible si significa asumir un escrutinio mayor, no reclamar que la permanencia sea aceptada como prueba de responsabilidad.
Fuente: elmundo.es · leer el original
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