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Opinión

La IA debe ganarse al cliente, no convertirlo en creyente

La comparación con la corporación de The Boys resulta útil para distinguir una herramienta de su envoltorio comercial. Pero ni una promesa de inteligencia superior acredita un buen negocio ni una ficción demuestra que vaya a estallar una burbuja.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Interior cotidiano de una oficina, con un ordenador portátil abierto sobre una mesa, una calculadora y hojas de evaluación de costes junto a una taza de café; luz natural y ninguna persona reconocible.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

La industria de la inteligencia artificial necesita clientes capaces de juzgar sus productos, no creyentes dispuestos a financiar cualquier promesa. Esa es una lectura útil de The Boys: el problema no consiste en que una empresa aspire a transformar el mundo, sino en que esa aspiración sustituya al examen de lo que realmente ofrece.

En la serie disponible en Amazon Prime, Vought International no se limita a gestionar superhéroes. Construye alrededor de ellos un negocio de películas, productos y convenciones. Los Siete son a la vez proveedores de un servicio y protagonistas de un relato que presenta sus capacidades como extraordinarias y su posición como imprescindible.

La distinción importa. El éxito comercial de ese universo no demuestra que sus héroes sirvan bien a la sociedad. Vought domina la presentación pública de sus activos y oculta sus fallos. La ficción permite observar cómo una marca puede convertir la adhesión emocional en un escudo frente al escrutinio.

La carrera de empresas como OpenAI, Google, Anthropic o Meta hacia sistemas más capaces invita a plantear una pregunta equivalente, aunque no autoriza a atribuirles las conductas de Vought: ¿qué parte del atractivo de una herramienta procede de su utilidad y cuál de las expectativas sobre aquello que llegará a hacer? La ambición tecnológica merece espacio; la credulidad no merece privilegios.

Para un usuario, la promesa de una futura inteligencia artificial general no resuelve por sí sola si merece la pena pagar por un servicio actual. Para un inversor, tampoco sustituye la evaluación del producto y sus ingresos. Son decisiones distintas que el entusiasmo por una tecnología no debería confundir.

Ahora bien, sería un error convertir esa cautela en un pronóstico automático de derrumbe. La existencia de un relato grandioso no prueba que todo sea humo, del mismo modo que disponer de financiación no acredita una utilidad ilimitada. La comparación televisiva sirve para formular preguntas, no para anticipar balances.

La mejor defensa del mercado no es celebrar cada anuncio empresarial ni esperar una purga que lo ordene todo. Es preservar la diferencia entre expectativas y resultados: que la IA gane clientes por lo que les permite hacer, no por la reverencia que inspire su futuro.

Fuente: elmundo.es · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

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