Patrick Stewart y James Corden: el prestigio no da derecho a humillar
El enfrentamiento de los dos actores en los premios Glamour de 2010 permite distinguir entre exigir profesionalidad y convertir una ceremonia en un ajuste de cuentas. La posterior rectificación de Stewart merece más reconocimiento que sus ataques.
El prestigio de Patrick Stewart no convertía en ejemplar su reprimenda pública a James Corden. La discusión que protagonizaron en Londres durante los premios Glamour Women of the Year de 2010 muestra cómo una exigencia de respeto puede perder toda legitimidad cuando se transforma en una humillación personal.
Corden presentaba la ceremonia y Stewart subió al escenario para entregar un galardón. Antes de hacerlo, reprochó al anfitrión que permaneciera al fondo, apoyado y con las manos en los bolsillos. El actor interpretaba aquella postura como una expresión de aburrimiento. Esa distinción importa: observó una actitud y le atribuyó un significado, pero su interpretación no le daba licencia para atacar al presentador.
El salto decisivo llegó cuando Stewart pasó de cuestionar la conducta profesional de Corden a comentar su barriga. El físico del maestro de ceremonias no tenía relación con la atención que debía prestar a los premiados. A partir de ahí, la intervención dejó de ser una llamada al cuidado del acto para convertirse en una descalificación.
Corden tampoco encontró una salida defendible. Le pidió que acabara y entregara el premio, pero respondió después con alusiones a la edad del actor y sugirió que alguien le pidiera un taxi para volver a casa. Contestar a una burla con otra no restablece el respeto: prolonga la misma lógica.
La parte más valiosa del episodio ocurrió casi un año después. Stewart reconoció que se había comportado de manera inapropiada, explicó que había bebido demasiado champán y expresó arrepentimiento. También manifestó su admiración por Corden y contó que ambos habían hablado tras la discusión.
El alcohol no justificaba lo sucedido; asumir el exceso sí permitía rectificarlo. Ambos hicieron las paces y Stewart llegó a expresar su deseo de acudir al programa de Corden para recordar el incidente. Su mejor gesto no fue imponer autoridad sobre el escenario, sino admitir después que la había ejercido mal.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
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