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Cultura

Logroño recuerda con teatro y un homenaje a las víctimas del proceso de Zugarramurdi

La conmemoración recupera el caso de las once personas condenadas a la hoguera en 1610 y la investigación de Alonso de Salazar y Frías, el inquisidor que cuestionó las pruebas y logró cambiar los criterios de estos procesos.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Naturaleza muerta realista en una sala de archivo histórico: un volumen antiguo abierto, documentos manuscritos sin texto legible y una encuadernación de cuero sobre una mesa de madera, encuadre lateral de tres cuartos y luz natural de ventana, sin personas ni recreación de un juicio concreto.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

Logroño conmemora este fin de semana el aniversario del proceso de Zugarramurdi y Urdax con una obra de teatro y un homenaje en el Bosque de la memoria, situado en el parque del Ebro. El espacio reúne once olmos plantados en círculo y una placa central con los nombres de las cinco mujeres y los seis varones condenados.

El auto de fe celebrado en Logroño el 7 de noviembre de 1610 culminó un proceso contra 53 personas acusadas de brujería. Hubo once condenas a la hoguera: seis personas fueron quemadas vivas y las otras cinco habían fallecido previamente en las cárceles de la Inquisición.

Alonso de Salazar y Frías se había incorporado al tribunal en junio de aquel año. El inquisidor burgalés encontró contradicciones entre las declaraciones, relatos inverosímiles y discrepancias entre testigos. Ante la Suprema, el máximo órgano de la Inquisición, denunció la prisa por dictar sentencia de los otros dos inquisidores, Juan del Valle y Alonso Becerra Holguín.

Las acusaciones se habían extendido por el norte de Navarra y Guipúzcoa con relatos sobre vuelos, pactos con el demonio y reuniones nocturnas. En Zugarramurdi y Urdax, los señalamientos alcanzaron a vecinos y familiares, mientras los testimonios recogidos por el tribunal describían supuestas ceremonias y apariciones diabólicas.

Después del juicio, Salazar recorrió Navarra, Guipúzcoa y Vizcaya para comprobar las historias. Su investigación identificó acusaciones utilizadas para ajustar cuentas entre vecinos y familias, confesiones obtenidas bajo tortura y otras motivadas por el miedo al linchamiento.

Salazar concluyó que la supuesta secta de adoradores del demonio no existía y que las denuncias se alimentaban de supersticiones, falsas confesiones e intereses de los acusadores. Su intervención le valió el sobrenombre de abogado de las brujas.

En marzo de 1612 remitió sus conclusiones a la Suprema, que aceptó sus recomendaciones. Las instrucciones posteriores exigieron mayor cautela en los procesos de brujería: evitar la propagación de rumores, comprobar rigurosamente los testimonios y no aceptar confesiones sin pruebas.

Fuente: Libertad Digital · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa.

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