La calidad del empleo no se mide solo con contratos indefinidos
El retroceso de la contratación indefinida a tiempo completo obliga a mirar más allá de las altas en la Seguridad Social. La estabilidad depende también de la jornada y de la continuidad del trabajo, sin que todas las modalidades deban responder a un único patrón.
La calidad del empleo debe evaluarse por las posibilidades de trabajar con continuidad y con la jornada deseada, no únicamente por la etiqueta del contrato. Los datos de octubre ofrecen una razón concreta para exigir ese cambio de enfoque: mientras retrocede la contratación indefinida a tiempo completo, aumenta la de tiempo parcial.
En su análisis del mercado laboral, el economista José María Rotellar, director del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria, sitúa la caída interanual de los contratos indefinidos a tiempo completo en el 1,38%, frente al crecimiento del 6,18% de los indefinidos a tiempo parcial. Además, el 60,10% de los contratos indefinidos firmados durante el mes corresponde a modalidades a tiempo parcial o fijas-discontinuas.
Esa composición merece atención, pero no convierte automáticamente cada contrato parcial o fijo-discontinuo en un empleo precario. Una jornada reducida puede responder a una preferencia del trabajador; un contrato discontinuo puede encajar con una actividad estacional. La cuestión decisiva es si esas fórmulas permiten elegir o son la única alternativa disponible para quien necesita trabajar más.
También conviene separar el volumen de afiliación de las características de las nuevas contrataciones. El balance de octubre sitúa la afiliación a la Seguridad Social en 22.624.165 personas, tras un aumento mensual de 186.612. Al mismo tiempo, la contratación total cae un 1,28% respecto al año anterior. Son dimensiones diferentes del mercado laboral: el avance de una no elimina la necesidad de examinar la otra.
Para quien busca empleo, esa distinción tiene una traducción cotidiana. Disponer de un contrato indefinido importa, pero también importan la jornada y la continuidad de los ingresos para organizar los gastos. Una evaluación centrada exclusivamente en la modalidad contractual deja fuera una parte esencial de esa seguridad.
La respuesta tampoco debería consistir en descalificar las fórmulas flexibles o en imponer una jornada idéntica para todos. El objetivo razonable es ampliar las opciones de trabajadores y empresas, prestando especial atención a la evolución de los contratos a tiempo completo. Un mercado laboral sólido no es el que exhibe una sola categoría contractual como trofeo, sino el que permite que la estabilidad formal se corresponda con oportunidades reales de trabajo.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
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