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Opinión

El VAR necesita coherencia, no un plebiscito sobre cada penalti

Las dos decisiones sobre penas máximas en el partido del Madrid en Santander permiten discutir la utilidad de la revisión arbitral sin confundir el acierto con la opinión mayoritaria.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Detalle realista de un monitor de revisión arbitral junto a la banda de un estadio de fútbol, con el césped iluminado y las gradas desenfocadas al fondo, sin personas reconocibles.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

La exigencia al VAR debe ser que corrija errores con un criterio consistente, no que adapte sus decisiones a lo que cree ver la mayoría. Las dos acciones de penalti del partido del Madrid en Santander ilustran esa distinción: una quedó sin revisión del colegiado y la otra fue rectificada después de que interviniera el videoarbitraje.

En el minuto 9, Munuera Montero señaló penalti por la acción de Patri sobre Mbappé. En su análisis, Martínez Montoro sostiene que el defensor retiró el brazo con el que intentaba entorpecer el avance del delantero y que el jugador madridista se dejó caer. Considera, por ello, equivocada la decisión y reprocha al VAR que no avisara al árbitro para revisarla.

Ese reproche tiene un fundamento más sólido en la descripción del contacto que en el consenso que pueda despertar la jugada. Para discutir la decisión importa determinar si hubo una infracción, no contar cuántos espectadores comparten una impresión. Una interpretación popular puede ser acertada, pero su popularidad no demuestra que lo sea.

La segunda acción ofrece un contraste concreto. En el minuto 71, Tchouaméni intentó despejar dentro de su área y el balón le golpeó en el brazo después de rebotar en su propio pie. El árbitro señaló penalti, el VAR le llamó para revisar la jugada y la pena máxima quedó anulada. Martínez Montoro juzga correcta esa rectificación por la procedencia del balón.

La comparación permite una crítica que no necesita atribuir favoritismos: en una misma tarde hubo una corrección que el analista considera acertada y otra intervención que echó en falta. Eso no demuestra por sí solo un fallo general del sistema, pero sí sitúa el debate en su función concreta como segundo filtro.

La defensa razonable del videoarbitraje tampoco exige dar por buena cada actuación. Exige valorar qué error corrigió y cuál dejó pasar. Su credibilidad debe descansar en esa coherencia, no en satisfacer a la mayoría.

Fuente: abc.es · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

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