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Opinión

El terror de Carrie no está en su diferencia, sino en quienes la castigan

La nueva adaptación de Mike Flanagan permite leer el clásico de Stephen King más allá de la inocencia perdida: la vulnerabilidad de una niña no explica ni justifica la crueldad de quienes la rodean.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Pasillo vacío de un instituto, con taquillas metálicas y una puerta abierta al fondo por la que entra luz natural; atmósfera inquietante y realista, sin personas ni elementos sobrenaturales.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

El horror de Carrie empieza antes de que aparezcan sus poderes: está en un entorno que convierte la diferencia en motivo de castigo. Esa es la cuestión más fértil que plantea la nueva adaptación de Mike Flanagan. No cuánto tiempo puede conservar una niña su inocencia, sino por qué habría de renunciar a su singularidad para recibir un trato digno.

En esta actualización del clásico de Stephen King, llevado al cine por Brian de Palma, la protagonista sale de una educación asfixiante con hambre de conocer el mundo. Su curiosidad convive con el miedo; quiere escuchar incluso aquello que la inquieta. Ese deseo impide reducirla a una criatura pasiva: también hay en ella una voluntad de participar en la vida que le han negado.

La madre intenta preservar su pureza mediante el encierro y la sobreprotección. Pero una protección que exige apartar a la hija del mundo termina confundiendo su bienestar con el control de su experiencia. La contradicción tiene fuerza dramática: quien pretende evitar todo daño restringe también las oportunidades de descubrir, elegir y relacionarse.

Fuera de ese encierro, sin embargo, la humillación no puede explicarse como una simple falta de preparación de la víctima. Conviene separar ambas responsabilidades. La educación recibida hace vulnerable a Carrie; quienes la maltratan son responsables de aprovechar esa vulnerabilidad. Confundir los dos planos desplazaría hacia la niña la obligación de impedir el abuso.

La venganza introduce otra incomodidad. Los poderes telequinéticos alteran la relación de fuerzas, pero no convierten el sufrimiento anterior en una experiencia reparada. El desahogo que ofrece el terror no equivale a una solución: permite imaginar una respuesta devastadora allí donde antes hubo indefensión.

Por eso, la lectura más exigente de Carrie no consiste en pedir a los distintos que aprendan a encajar. Consiste en rechazar que la aceptación dependa de ocultar lo que son. Entre el aislamiento impuesto por la madre y la hostilidad de los demás queda una libertad elemental: poder entrar en el mundo sin tener que volverse invulnerable para habitarlo.

Fuente: abc.es · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

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