El presupuesto ferroviario debe responder al desgaste de la red
La conservación del ferrocarril necesita una prioridad presupuestaria estable y evaluable. El aumento de la recaudación y del número de viajeros no sustituye a una política que preserve las infraestructuras existentes.
El mantenimiento ferroviario debe presupuestarse en función del desgaste de la red, no quedar subordinado a la capacidad de anunciar nuevas inversiones. La primera obligación de una política de infraestructuras es conservar el patrimonio que los ciudadanos ya han pagado. Ampliarlo sin garantizar su conservación compromete el valor de ese esfuerzo.
El informe del Instituto de Estudios Económicos sitúa el inicio de la caída prolongada de la inversión en infraestructuras en 2009. En el caso ferroviario, como en las demás modalidades analizadas, los niveles permanecen por debajo de la referencia de 2004. Esta trayectoria exige una respuesta que trascienda un ejercicio presupuestario: el deterioro acumulado no se corrige con una asignación excepcional.
La alta velocidad permite observar el problema desde otra perspectiva. Entre 2015 y 2024, sus usuarios aumentaron un 100,8%, según los datos del INE citados en el estudio, mientras que el gasto de mantenimiento por pasajero descendió un 27,5%. La caída de ese cociente no equivale por sí sola a una reducción del gasto total. La cuestión presupuestaria relevante es si la conservación responde a las necesidades de una infraestructura cada vez más utilizada.
Hay un indicador más directamente relacionado con la preservación del patrimonio. Según el Instituto de Estudios Económicos, entre 2013 y 2022 habrían sido necesarios 3.600 millones de euros adicionales de inversión ferroviaria para compensar la depreciación acumulada. Ese cálculo ofrece un criterio para ordenar prioridades: evitar que pierda valor lo construido antes de medir el éxito únicamente por lo que se inaugura.
La disponibilidad de ingresos tampoco puede confundirse con una buena gestión. La recaudación estatal superó los 325.000 millones de euros en 2025. Para el contribuyente, el rendimiento de ese dinero depende de las decisiones de gasto, no del récord recaudatorio. Y para el viajero, la utilidad de la red depende de su conservación, no del volumen global del presupuesto.
La respuesta debería ser una programación plurianual del mantenimiento, con objetivos verificables y rendición de cuentas sobre su ejecución. No se trata de defender cualquier incremento del gasto, sino de justificarlo por necesidades concretas. Conservar el ferrocarril es proteger una inversión ya realizada; esa debe ser la medida de la responsabilidad presupuestaria.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
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