La pediatra Laura Álvarez aconseja valorar el descanso infantil más allá de si el niño duerme solo
La médica recomienda atender al bienestar durante el día y al descanso de toda la familia. Coincide con la psicóloga María Luisa Ferrerós en mantener rutinas, aunque ambas discrepan sobre cuándo favorecer que los menores pasen la noche en su habitación.
La pediatra Laura Álvarez Chamorro considera que necesitar compañía para dormir no debe interpretarse por sí solo como un problema de autonomía. Para valorar el descanso infantil, propone fijarse en si el menor duerme bien, está activo y contento durante el día y presenta un desarrollo adecuado, en lugar de centrarse únicamente en si pasa toda la noche solo.
La médica distingue entre sentir miedo y preferir dormir acompañado. Explica que la cercanía de los padres puede responder a una necesidad de seguridad y advierte de que algunas familias tienen expectativas poco realistas al esperar que sus hijos duerman solos desde edades muy tempranas.
La psicóloga infantil María Luisa Ferrerós, especializada en neuropsicología y patología del sueño, pone el acento en identificar la causa antes de intentar modificar los hábitos. Si un niño sufre pesadillas y teme quedarse solo, señala, dejarlo llorar con la puerta cerrada no resuelve ese miedo. Tampoco considera adecuado aplicar una misma solución a todos los menores.
Ferrerós sitúa la aparición de las primeras pesadillas habitualmente entre los 2 y los 5 años y considera normales ciertas dificultades de maduración hasta los 5 o 6. Cuando un menor que ya dormía de forma autónoma vuelve a reclamar compañía, aconseja explorar posibles cambios escolares, familiares o en sus relaciones con amigos.
Las especialistas mantienen criterios diferentes sobre dónde dormir. Ferrerós admite que un niño se quede excepcionalmente en la cama de sus padres tras una pesadilla, pero recomienda acompañarlo de vuelta a su habitación si ocurre cada noche, especialmente a partir de los 6 años. Álvarez no ve necesario cambiar la organización nocturna cuando todos los miembros de la familia descansan bien.
Ambas coinciden en la utilidad de las rutinas. Ferrerós explica que repetir las actividades en el mismo orden ayuda al menor a anticipar lo que sucederá y sentirse seguro. Álvarez añade horarios regulares, actividad física, tiempo al aire libre y evitar las pantallas durante las últimas horas del día.
Para quienes quieran iniciar el cambio a una habitación propia, la pediatra propone hacerlo gradualmente: preparar juntos el espacio, jugar allí durante el día, leer antes de acostarse o dejar una luz tenue si existe miedo a la oscuridad. También sugiere reducir poco a poco el contacto físico y la presencia del adulto, sin comparar al niño con otros.
Álvarez aconseja consultar ante ronquidos habituales, pausas respiratorias, somnolencia diurna, cambios de comportamiento o pesadillas frecuentes que causen sufrimiento. También recomienda pedir ayuda cuando la falta de descanso afecta a la vida cotidiana o los adultos están agotados.
Fuente: elpais.com · leer el original
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