Cuidar a los padres no debe convertir a los hijos en dueños de sus decisiones
La ayuda familiar necesita dos límites: preservar la autonomía de quien la recibe y no absorber la vida de quien la presta. Repartir tareas concretas resulta más útil que asumir un intercambio completo de papeles.
El cuidado de los padres mayores debe organizarse como un reparto de responsabilidades, no como un traspaso de autoridad. Necesitar ayuda para una gestión no equivale a perder la capacidad de decidir sobre la propia vida. Confundir ambas cosas puede convertir un apoyo necesario en una sustitución que nadie ha acordado.
La idea de una inversión de roles resulta insuficiente para describir lo que ocurre en muchas familias. La psicóloga sanitaria Begoña Díez, secretaria del Colegio Oficial de Psicólogos de Castilla y León, recuerda que los padres pueden seguir aportando apoyo emocional, cuidando a los nietos o interviniendo en decisiones familiares. Que un hijo domine una herramienta digital no lo convierte en el miembro competente para resolver cualquier asunto.
Un estudio publicado en Information Systems Frontiers en 2023 aborda precisamente cómo los hijos adultos transmiten habilidades tecnológicas a sus padres y favorecen un aprendizaje recíproco. Esa reciprocidad importa: permite entender la familia como una red de capacidades distintas, en lugar de dividirla entre quienes mandan y quienes reciben instrucciones.
La frontera se vuelve más delicada cuando la ayuda alcanza la medicación o la economía doméstica. Laura Caballero, psicóloga sanitaria que trabaja con adultos y mayores, advierte de que el afán protector puede llevar a responder por los padres o a actuar sin contar con ellos. La buena intención no resuelve el problema: facilitar una tarea y apropiarse de una decisión son actuaciones diferentes.
Díez distingue entre enseñar, hacer algo juntos y hacerlo por la otra persona. Esa gradación ofrece un criterio más razonable que asumir el control de manera general. La especialista introduce, además, una cautela relevante al referirse a situaciones sin enfermedad cognitiva degenerativa. No todas las necesidades de cuidado admiten la misma respuesta.
Pero preservar la autonomía de los padres tampoco exige disponibilidad ilimitada de los hijos. Díez señala que, entre hermanos, las gestiones pueden concentrarse espontáneamente en uno de ellos y convertirse en una responsabilidad implícita. Propone explicitar el reparto, buscar consensos y establecer límites. El compromiso familiar necesita acuerdos, no obligaciones que se consoliden simplemente porque alguien llegó primero.
La misma psicóloga alerta del exceso de carga cuando atender a los padres lleva a descuidar sistemáticamente el trabajo, las relaciones, el descanso o la salud. Por eso, un cuidado bien organizado debe proteger dos espacios de libertad: el de los padres para seguir decidiendo y el de los hijos para conservar su propia vida. Ayudar mejor no consiste en asumirlo todo, sino en acordar qué necesita cada uno y quién puede hacerse cargo.
Fuente: elpais.com · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.
Nuestro métodoComentarios (0)
Cargando comentarios…
