Una ruptura no da derecho a dañar lo que es del otro
La decepción sentimental merece comprensión, pero no convierte el patrimonio, la intimidad o los hijos en instrumentos legítimos para ajustar cuentas.
El dolor de una ruptura no concede derechos sobre lo que pertenece al otro. Esa debería ser la frontera al hablar de venganzas sentimentales, incluso cuando se presentan como pequeñas travesuras. Comprender el enfado de quien se siente abandonado no obliga a celebrar lo que hace con él.
La anécdota de una mujer que raya los discos del coche de su novio la noche en que él la deja puede contarse con gracia. El detalle de que se ensañe con su álbum favorito de Alejandro Sanz añade una intención reconocible: estropear precisamente aquello que el otro aprecia. Pero el envoltorio cómico no cambia la naturaleza del gesto. No es una reparación del daño sentimental, sino un daño material deliberado.
Que hoy las plataformas musicales hayan desplazado a muchos de aquellos discos vuelve anticuado el objeto, no el problema. La cuestión no consiste en encontrar una represalia adaptada a las nuevas costumbres, sino en rechazar que el despecho otorgue una licencia para intervenir en la vida ajena. Tampoco fantasear con pinchar ruedas o adulterar un café equivale a hacerlo; aun así, presentar esas posibilidades como ocurrencias simpáticas borra una distinción que conviene mantener.
Cuando hay hijos y patrimonio compartido, esa frontera resulta todavía más importante. Una disputa sobre bienes exige resolver derechos e intereses; convertirla en un castigo introduce una finalidad distinta. Y los hijos no son patrimonio de ninguno de los dos, ni deberían servir para establecer quién ha ganado la separación.
También conviene desconfiar de la idea de que una nueva pareja constituye una venganza especialmente brillante. Valorar una relación por el prestigio del nuevo acompañante sigue colocando al anterior en el centro: el supuesto triunfo depende de cuánto pueda molestarle.
La libertad de terminar una relación incluye aceptar que el otro también puede hacerlo. No exige indiferencia ante el sufrimiento, pero sí renunciar a cobrarlo mediante daños. Recuperar una vida propia tiene más sentido que organizarla como una represalia.
Fuente: elmundo.es · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.
Nuestro métodoComentarios (0)
Cargando comentarios…
