Una historia conmovedora necesita más verificación, no menos
La autocrítica de José Yélamo al presentar ‘Timadores’ señala una responsabilidad que no termina en reconocer el engaño: cuando un medio pide confianza al público, debe haber comprobado antes en quién la deposita.
La emoción no puede rebajar las exigencias del periodismo. Una historia que invita a entregar dinero por compasión necesita más comprobaciones, no una dispensa sentimental. Ese es el problema que merece discutirse a propósito de Timadores, la serie de Atresplayer presentada por José Yélamo: qué ocurre cuando la credibilidad de un medio se pone al servicio de un relato que no la merece.
Yélamo reconoce que los periodistas dieron cobertura y credibilidad a estafadores cuyas historias quisieron creer, especialmente cuando apelaban a la enfermedad o a la caridad. Su explicación importa porque identifica algo distinto de una mentira difícil de detectar: el deseo de que lo contado sea verdad. La buena intención también puede convertirse en un conflicto con el oficio.
No hace falta atribuir complicidad a quien ha sido engañado para exigirle responsabilidad profesional. Un particular puede confiar en una historia; un periodista que la difunde compromete además la confianza de su audiencia. Son posiciones diferentes. El altavoz no vuelve culpable al medio de la estafa, pero tampoco lo convierte en un espectador cualquiera.
Los casos que reconstruye la serie incluyen falsas enfermedades, un falso médico y un supuesto negocio de criptomonedas. Cambia el reclamo, pero permanece una pregunta editorial: qué se ha comprobado antes de trasladar al público una petición de ayuda, una apariencia de autoridad o una promesa económica. La intensidad del testimonio no responde por sí sola a ninguna de ellas.
Yélamo también destaca la vergüenza que afrontan las víctimas al contar lo sucedido. Ahí conviene dirigir bien la desconfianza. Verificar antes de publicar protege a quienes podrían caer en el engaño; sospechar indiscriminadamente de quienes lo denuncian puede añadirles otra carga. El rigor no exige frialdad con la víctima, sino precisión con sus afirmaciones.
La autocrítica resulta útil si modifica el criterio de publicación. Defender que el periodismo es necesario, como hace Yélamo, implica aceptar esa obligación especial. La compasión puede decidir qué historia merece atención. Nunca debería decidir qué historia merece darse por comprobada.
Fuente: elmundo.es · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.
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