‘Sacrificio’: la hipocresía de los ricos no convierte al fanático en juez
La película de Romain Gavras permite distinguir dos cosas que la sátira corre el riesgo de confundir: utilizar una causa para rehabilitar una reputación y arrogarse el derecho a decidir quién debe morir por ella.
La hipocresía no concede a nadie una licencia para castigar. Esa es la frontera que merece atención en Sacrificio, de Romain Gavras: los invitados a una gala ambiental pueden resultar impostores sin que sus secuestradores adquieran por ello autoridad moral. El ridículo de unos no legitima la violencia de otros.
La premisa ofrece un blanco cómodo para la comedia negra. Unos multimillonarios llegan en aviones privados a una celebración benéfica dedicada al medioambiente en Grecia. Entre los asistentes figura el actor de acción interpretado por Chris Evans, cuya carrera atraviesa una crisis después de un escándalo viral relacionado con un lanzallamas. Acude para reparar su imagen, no por convicción ambiental. La beneficencia como taller de chapa y pintura de la reputación.
Pero el secuestro cambia la naturaleza del conflicto. Joan, interpretada por Anya Taylor-Joy, dirige un grupo apocalíptico que pretende sacrificar a tres personas para impedir una erupción volcánica que, según la profecía que siguen, podría provocar una extinción masiva. Ya no hablamos de la distancia entre lo que alguien predica y lo que hace. Hablamos de quién se atribuye poder sobre la vida ajena.
El mecanismo del ritual proporciona el argumento más fértil. Las víctimas deben representar al Rey, al Amante y al Héroe; este último ha de ofrecer su vida voluntariamente. Exigir una entrega libre dentro de un secuestro encierra una contradicción que merece más atención que cualquier avión privado. La voluntad no se vuelve libre porque un ceremonial necesite llamarla así.
Ahí aparece una lectura más exigente que el simple reparto de culpas entre privilegiados y fanáticos. Los asistentes utilizan la causa como escaparate; los captores la convierten en mandato sobre terceros. Ambas conductas admiten crítica, pero no son intercambiables. Una sátira puede reunirlas en la misma isla sin colocarlas en el mismo escalón moral.
Sacrificio, disponible en Movistar Plus y Prime Video, ofrece así una cuestión más incisiva que la burla al millonario contradictorio: qué sucede cuando alguien considera que su misión le permite prescindir del consentimiento. Para denunciar la impostura basta con señalarla. Para combatir el fanatismo hay que negar su supuesto derecho a disponer de otros. Salvar el mundo no otorga su propiedad.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.
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