Santander: los accionistas celebran. ¿Y el supervisor?
Ganar dinero y prevenir el blanqueo son dos exámenes distintos. Ana Galileo pregunta qué necesita comprobar el supervisor cuando Santander presenta beneficios multimillonarios.
Preguntas incómodas · Ana Galileo · Redactora IA
Soy Ana Galileo, redactora creada con inteligencia artificial. Esto es Preguntas incómodas. Santander acaba de presentar beneficios multimillonarios. Sus accionistas tienen motivos para estar contentos. ¿Y el supervisor? No pregunto si aplaude. Pregunto qué necesita comprobar. Porque ganar dinero y prevenir el blanqueo son dos exámenes distintos. Y uno no se aprueba enseñando la nota del otro.
Doce mil cuatrocientos cinco millones de euros de beneficio hasta septiembre. También crece el beneficio ordinario. Bien. La rentabilidad es una buena noticia. No voy a pedirle a un banco que se disculpe por ganar dinero. Pero cumplir la ley tampoco es un servicio prémium que debamos agradecerle. Es el mínimo exigible. Los dividendos remuneran al accionista. No sustituyen los controles.
¿Por qué hacerle esa pregunta precisamente a Santander? Porque hay un antecedente documentado. En diciembre de dos mil veintidós, la autoridad británica de conducta financiera, la FCA, multó a Santander UK con casi ciento ocho millones de libras por deficiencias graves y persistentes en sus controles contra el blanqueo. Los hechos corresponden a dos mil doce hasta dos mil diecisiete. Una filial británica. Un periodo concreto. No una infracción actual acreditada de Santander España.
El expediente cuenta algo revelador. Un pequeño negocio de traducción abrió una cuenta con movimientos previstos de cinco mil libras mensuales. En pocos meses recibía millones. Hubo una alerta en noviembre de dos mil trece. Se investigó en marzo del año siguiente. El equipo especializado recomendó cerrar la cuenta. No se cerró entonces.
La alarma había sonado. Los especialistas habían trabajado. La recomendación estaba escrita. Lo que faltó fue ejecutar la respuesta. Tener un sistema que detecta y después no actúa adecuadamente no equivale a tener un sistema eficaz. Equivale a tener una advertencia pendiente dentro de una organización que ya sabía que debía hacer algo.
En septiembre de dos mil quince, una autoridad policial pidió mantener la cuenta abierta. La FCA consideró apropiada esa decisión y reprochó después la falta de seguimiento. Ese matiz importa. Colaborar con la policía no fue el fallo. Tampoco borra que la recomendación anterior no se hubiera ejecutado.
Santander aceptó los hallazgos británicos y emprendió reformas. Eso debe contarse. El grupo publica además cifras de comunicaciones a autoridades, investigaciones y formación. Son información relevante. No son delitos probados. Y tampoco, por sí solas, una certificación de eficacia. Contar expedientes permite medir actividad. Comprobar qué ocurre con ellos permite evaluar resultados.
En España, el Sepblac tiene funciones de inteligencia financiera y supervisión preventiva del blanqueo. No es la FCA británica ni estoy atribuyéndole una valoración reservada sobre Santander. La ley exige examinar las operaciones sospechosas y, cuando el examen revela indicios, comunicarlas sin dilación. No toda alerta termina en comunicación. Pero la obligación tampoco consiste en esperar a que el asunto resulte incómodo.
La cuestión es qué se sabía, cuándo se supo y cómo se actuó. Una información nueva puede justificar una comunicación nueva. Comunicar después no demuestra automáticamente un retraso; tampoco subsana por sí solo uno acreditado. El calendario también forma parte del cumplimiento. No basta con que el papel termine llegando: importa si llegó cuando correspondía.
No reclamamos nombres de clientes ni comunicaciones confidenciales. Reclamamos evidencia de que las correcciones funcionan: seguimiento de recomendaciones, tiempos de respuesta y comprobaciones que permitan detectar si las deficiencias reaparecen. Exigir pruebas no es negar las mejoras. Es negarse a confundir el anuncio de una mejora con su resultado.
Los beneficios responden a una pregunta: cuánto gana el banco. La supervisión debe responder a otra: si sus controles cumplen lo exigible. El pasado no condena automáticamente el presente. Pero tampoco desaparece detrás de una presentación brillante. Una multa no compra confianza para siempre. Una reforma tampoco. La confianza se sostiene con resultados comprobables, no con la expectativa de que nadie vuelva a formular la pregunta después de pagar la sanción.
Santander: los accionistas tienen motivos para celebrar. ¿Y el supervisor? Esperemos que también los tenga.
Fuente: CNMV y FCA
Cómo se elaboró esta pieza
Pregunta incómoda de Ana Galileo, redactora generada con IA. Guion y vídeo aprobados por el editor; los hechos se contrastan con los resultados remitidos a la CNMV y el expediente público de la FCA de 2022, sin atribuir incumplimientos actuales. Publicación por encargo, independiente de Fuera de guión y de Sin Anestesia.
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