Los vecinos de Urda llevan alimentos y material sanitario a los afectados por el choque de trenes
Comerciantes y voluntarios del municipio toledano suspendieron su actividad para abastecer los pabellones de acogida, ayudar en el traslado de heridos y acompañar a los familiares.
Los vecinos de Urda se movilizaron tras el choque ferroviario para llevar comida, agua y material sanitario a los afectados y a los equipos de rescate. Los pabellones del colegio se habilitaron para recibir a los heridos, mientras varios establecimientos del municipio toledano reorientaron su trabajo hacia el abastecimiento de esos espacios.
Azucena Muñoz, propietaria de la panadería de la plaza, dejó pendientes los encargos y se puso a hornear pan y bollería para donarlos. Avisó a los clientes de que no podría preparar sus tartas porque dedicaría ese tiempo a elaborar alimentos para los afectados. Al día siguiente, el establecimiento había agotado incluso las bolsas.
En el supermercado de Soraya Rodríguez, las primeras peticiones de agua y leche dieron paso a encargos de bocadillos para quienes llegaban a los pabellones. El negocio aportó fruta, fiambre, bocadillos y guantes. Su marido se desplazó a Toledo para recoger un palé de agua y llevarlo al punto de acogida.
Parte de esos productos fueron donados y otros los compraron personas que se encargaron de transportarlos. La panadería tampoco cobró al supermercado el pan utilizado. Otros hosteleros cerraron sus negocios para preparar comida y bebida destinada a heridos, familiares y profesionales del rescate.
Antonio, el farmacéutico, cerró la farmacia y acudió al lugar del accidente con su mujer, sus hijos, el novio de su hija y una empleada. Llevó gasas, apósitos, sueros y medicamentos para aliviar el dolor, entre ellos morfina. Tras encontrarse con personas gravemente heridas, volvió al establecimiento para recoger más material y regresó cuando el despliegue sanitario estaba más organizado.
A la mañana siguiente, después de haber dormido apenas dos o tres horas, recibió la llamada de la mujer de uno de los hombres a los que había atendido. Le comunicó que seguía vivo. El farmacéutico destacó que la ayuda había sido una respuesta colectiva del pueblo.
El párroco, José Miguel Fernández, colaboró en la evacuación de pasajeros de los vagones menos afectados y acompañó a heridos y familiares. Según relató, algunas personas necesitaban hablar o llorar acompañadas; una mujer mayor le pidió que le cogiera de la mano. Fernández calcula que alrededor del 90% de los habitantes se pusieron a disposición de quienes necesitaban ayuda.
Andrés García, otro vecino, ayudó a los sanitarios a trasladar heridos hasta los puestos de triaje, donde se organizaba su evacuación según la gravedad. Entre las personas atendidas había viajeros de distintas nacionalidades. Claudia, la hija del farmacéutico, tradujo al inglés para que una mujer filipina que no hablaba español pudiera comunicarse con los médicos.
Fuente: abc.es · leer el original
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