Quince años para revertir recortes también exigen un balance propio
Sánchez puede discutir la herencia ferroviaria de Rajoy. Pero presentar su reversión como un logro obliga a explicar qué se corrigió y qué responsabilidades corresponden a la gestión posterior.
La herencia recibida puede explicar una dificultad; no puede convertirse en una exención permanente de responsabilidad. Si Pedro Sánchez sostiene que han hecho falta quince años para revertir los recortes ferroviarios, está obligado a presentar también el balance de esa reparación. El calendario no sirve únicamente para señalar al antecesor.
En su intervención en Tarragona, Sánchez atribuyó a los recortes de la etapa de Mariano Rajoy el deterioro ferroviario al abordar los accidentes mortales de Adamuz y Urda. Se presentó como defensor de los servicios públicos y aseguró que su Gobierno había dado la cara. Son afirmaciones que deben examinarse por separado: una explicación histórica, una posición política y una valoración de su propia respuesta.
La primera merece discusión, no una descalificación automática. Las decisiones sobre infraestructuras pueden prolongar sus efectos más allá del mandato de quien las adopta. Sería tan cómodo negar cualquier peso a la herencia como atribuirle todo lo ocurrido después. La responsabilidad política exige distinguir entre lo recibido, lo modificado y lo mantenido.
Pero la afirmación de que los recortes han sido revertidos introduce una exigencia adicional. ¿Qué significa revertirlos? ¿Recuperar recursos, corregir deficiencias o cambiar prioridades? No son equivalentes. Quien reivindica una reparación debe explicar su contenido antes de utilizarla como certificado de buena gestión. Una cifra de años no sustituye ese balance.
Tampoco basta con proclamarse protector de los servicios públicos frente al adversario. Esa es una preferencia política, no una prueba sobre el funcionamiento del ferrocarril. A los ciudadanos les interesa poder contrastar las decisiones de quienes administran el servicio, no tener que escoger primero una identidad ideológica para formular preguntas.
La oposición está sujeta a la misma disciplina: los accidentes no demuestran por sí solos la responsabilidad personal de un gobernante. Exigir explicaciones no autoriza a anticipar conclusiones sobre sus causas. Precisamente por eso, el debate necesita decisiones contrastables y responsabilidades delimitadas, no absoluciones ni condenas de campaña.
Sánchez puede reclamar que se examine la gestión de Rajoy. Lo que no puede pedir es que ese examen sustituya al suyo. Si reivindica haber corregido la herencia, debe aceptar que también se evalúe la corrección.
Fuente: elmundo.es · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.
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