La cuarta economía europea debe rendir cuentas por la renta de sus hogares
El tamaño de la economía española no compensa su distancia respecto al bienestar europeo. Pero el diagnóstico exige distinguir entre crecer poco, perder posiciones y empobrecerse: no son la misma cosa.
España debe medir su éxito económico por la prosperidad de sus ciudadanos, no por el puesto que ocupa su economía. Ser la cuarta de la Unión Europea no resuelve el problema de estar en el decimoquinto escalón de renta por habitante. El tamaño sirve para ordenar países. No basta para evaluar cómo viven sus familias.
La distancia es persistente: España lleva 15 años sin acercarse a la media comunitaria y se encuentra ocho puntos por debajo. Ese es el reproche más sólido que cabe dirigir a la gestión económica: el tiempo transcurre sin que se cierre la brecha. Quince años no son un tropiezo trimestral ni una incomodidad estadística.
La renta real de las familias ha aumentado un 11% en 20 años, la mitad que en Europa en su conjunto. Solo Grecia e Italia han registrado una evolución peor dentro de la Unión. Para el ciudadano, la diferencia importa porque hablamos de renta real, no de una subida nominal que pueda confundirse con una mejora del poder adquisitivo.
Ahora bien, crecer poco no equivale a perder renta. Ese 11% describe un avance insuficiente en la comparación europea, no una caída absoluta. Confundir ambas cosas debilita la crítica. No hace falta anunciar la ruina para exigir resultados mejores. La exageración ofrece al gobernante una salida cómoda: refutar el apocalipsis y eludir el estancamiento relativo.
Tampoco esos indicadores permiten adjudicar por sí solos toda la responsabilidad a una decisión o a un partido. Un balance de dos décadas exige examinar políticas y responsabilidades a lo largo del periodo. La rendición de cuentas pierde utilidad cuando se convierte en una selección de fechas favorable a cada sigla.
La exigencia liberal debería ser concreta: juzgar las políticas por su capacidad para ampliar las posibilidades de prosperar de las personas. Ni el volumen agregado de la economía absuelve una convergencia bloqueada ni un diagnóstico sombrío sustituye una explicación. El objetivo no es ganar el concurso del relato nacional, sino acortar la distancia de los hogares con Europa. La clasificación del país no paga las facturas.
Fuente: elmundo.es · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.
Nuestro métodoComentarios (0)
Cargando comentarios…
