Publicar a Russell Brand no es absolverlo, y dejar de hacerlo tampoco sería una condena
Las dudas de su editor español plantean una responsabilidad distinta de la judicial: decidir qué obra respaldar sin convertir el catálogo en un certificado de inocencia ni las acusaciones en una sentencia.
La decisión de publicar a Russell Brand debe poder discutirse sin confundir la libertad editorial con un veredicto sobre su culpabilidad. Un editor responde por los libros que elige y por cómo los presenta; un tribunal, por determinar si se han cometido los delitos imputados. Ninguna de esas responsabilidades puede sustituir a la otra.
Oihan Iturbide, editor de la traducción al castellano del libro en el que Brand relata su experiencia de adicción y recuperación, ha reconocido en sus redes las contradicciones que le provoca tenerlo en su catálogo. Su inquietud tiene una dimensión concreta: publicar una obra también supone participar en una actividad económica que beneficia a su autor. Separar al creador de su trabajo no elimina esa relación.
Pero reconocer ese vínculo tampoco resuelve automáticamente qué hacer con el libro. Una narración sobre las adicciones puede merecer una valoración por su contenido sin que esa valoración se extienda a la conducta de quien la firma. El problema aparece cuando el interés de la obra se utiliza como aval moral del autor, o cuando el rechazo al autor pretende zanjar cualquier discusión sobre la obra.
Brand está siendo juzgado en el Tribunal de la Corona de Southwark, en Londres, por tres delitos de violación, tres de agresión sexual y uno de atentado contra el pudor, correspondientes a hechos situados entre 1999 y 2009. Las seis denunciantes han testificado. El actor se ha declarado inocente de todos los cargos y, durante su comparecencia, defendió que el consentimiento es fundamental en las relaciones sexuales.
Ese estado del procedimiento exige no presentar las acusaciones como hechos probados. Su notoriedad, sus extravagancias o sus opiniones no acreditan culpabilidad; tampoco pueden funcionar como una protección frente al examen judicial. La presunción de inocencia no depende de que el acusado resulte simpático, admirable o culturalmente valioso.
La libertad editorial, por su parte, permite mantener una obra o renunciar a publicarla sin arrogarse facultades judiciales. Lo exigible es explicar la elección con argumentos editoriales y comerciales, no disfrazarla de absolución o castigo. Iturbide puede reconocer su conflicto sin que esa duda lo obligue a anticipar una sentencia.
La separación útil no consiste en fingir que autor y obra carecen de vínculos, sino en distinguir responsabilidades. El libro admite crítica; el catálogo, decisiones; las acusaciones, prueba y juicio. Mantener esas diferencias permite debatir la publicación de Brand sin concederle inmunidad por su fama ni declararlo culpable por su personaje.
Fuente: elmundo.es · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.
Nuestro métodoComentarios (0)
Cargando comentarios…
