Los Pedroches debe medirse por el servicio que presta, no por la conquista de una parada del AVE
La estación de Villanueva de Córdoba permite plantear una exigencia para la inversión pública: ni una movilización ciudadana demuestra su rentabilidad ni una demanda reducida basta para declarar inútil una infraestructura.
El éxito de una estación ferroviaria debe medirse por el servicio que presta, no por haber conseguido que un tren se detenga en ella. Los Pedroches, en Villanueva de Córdoba, ofrece un caso concreto para defender esa distinción: su puesta en servicio costó 13,7 millones de euros y registra una media de 139 viajeros diarios.
La demanda social fue visible. En 2007, alrededor de 15.000 personas se manifestaron en una localidad con algo menos de 9.000 habitantes para reclamar una parada del AVE. La entonces ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, atendió la petición a pocos meses de las elecciones generales de 2008. Aquella movilización acreditaba interés ciudadano; no sustituía la obligación de justificar la inversión.
Tampoco sería razonable juzgar la estación únicamente por el padrón del municipio donde se encuentra. La propia protesta reunió a más personas que habitantes tenía la localidad. Una infraestructura puede resultar útil fuera de sus límites administrativos. Precisamente por eso, la evaluación debería atender a quién sirve y qué desplazamientos facilita, no quedarse en la comparación entre población y coste.
Los Pedroches cerró el año pasado con 50.688 viajeros, unos 20.000 más que cuando se inauguró en 2014. El crecimiento merece formar parte del balance tanto como la modesta utilización diaria. Hoy presta servicio a doce trenes, seis por sentido. Estos datos invitan a examinar cómo aprovechar mejor la inversión, en lugar de reducir la discusión a defenderla o condenarla retrospectivamente.
La ejecución también importa. La apertura llegó después de siete años de obras, con un periodo en el que la estación estuvo terminada pero pendiente de recepción por Adif. El primer tren, un Altaria procedente de Madrid, llegó el 29 de marzo de 2014. Para el contribuyente, una instalación acabada y sin servicio significa dinero comprometido sin la utilidad que debía proporcionar.
La rendición de cuentas exige separar tres preguntas: si convenía construir, si se ejecutó correctamente y si ahora se utiliza bien. Celebrar la parada no responde a ninguna por sí solo. Una política ferroviaria responsable debe justificar el gasto y buscar el mejor servicio posible con lo ya construido.
Fuente: abc.es · leer el original
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