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Opinión

Los partidos deben identificar sus montajes con la misma claridad que sus ataques

La responsabilidad de una formación que utiliza rostros y voces sintéticos no termina al incluir una advertencia en letra pequeña. El elector debe poder reconocer la ficción sin conocer la campaña que la inspira.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Primer plano de un teléfono móvil sobre una mesa doméstica, con una interfaz de edición de vídeo, una silueta facial digital no reconocible y una etiqueta visible de contenido generado con inteligencia artificial; luz natural y fondo desenfocado.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

Los partidos deberían identificar sus montajes de inteligencia artificial con tanta claridad como presentan el mensaje contra sus adversarios. No basta con preguntarse si una pieza merece protección como sátira: también importa qué hace su promotor para evitar que una representación ficticia se confunda con una declaración auténtica. Esa responsabilidad resulta especialmente exigible a quienes aspiran a gobernar.

Begoña Gómez ha denunciado al PP por un vídeo que reproduce sintéticamente su rostro y su voz y le atribuye haber obtenido una cátedra gracias a su marido. Esa afirmación forma parte del guion del montaje, no de una declaración real de Gómez. La pieza parodia una campaña anterior del PSOE, publicada a raíz de la visita a España de Javier Milei, y contiene una advertencia sobre el uso de IA en letra pequeña, aunque visible.

Ese aviso importa, pero su mera presencia no resuelve toda la cuestión. Una cosa es reconocer una parodia porque se conoce el vídeo al que responde y otra poder identificarla sin ese antecedente. La información sobre su carácter artificial debería formar parte del mensaje principal, no quedar subordinada a él. Es un criterio de responsabilidad editorial que los partidos pueden asumir sin esperar una sentencia.

El vídeo del PP superó el millón de visualizaciones y pertenece a una serie en la que aparecen otros dirigentes socialistas. El PSOE ha anunciado que pretende denunciarla. Ese alcance refuerza la necesidad de distinguir dos planos: la eventual responsabilidad jurídica, que deberá examinarse en el procedimiento correspondiente, y la responsabilidad política por la forma de comunicar. Una denuncia no acredita por sí sola un delito; tampoco una etiqueta convierte automáticamente cualquier montaje en una práctica responsable.

Los antecedentes internacionales muestran por qué conviene precisar la función de cada contenido. En 2024 circularon llamadas con una voz clonada de Biden que pedían a los demócratas no votar en New Hampshire. En 2025, un vídeo falso anunció la retirada de una candidata en vísperas de las presidenciales irlandesas. Aquí la falsificación no servía simplemente para ridiculizar: transmitía instrucciones electorales o una supuesta decisión de candidatura.

Tratar del mismo modo esos mensajes y una caricatura política sería un error. Pero también lo sería utilizar la existencia de la sátira como excusa para desentenderse de cómo se presenta una voz falsificada. La distinción exige atender al contenido, a su identificación y a lo que pretende hacer creer, no solo a la herramienta empleada.

Un compromiso verificable de los partidos debería empezar por avisos destacados y una autoría inequívoca en sus piezas sintéticas. La libertad de crítica no necesita que el público dude sobre quién ha pronunciado una frase. Quien firma un ataque debe asumir también la obligación política de hacer reconocible el artificio.

Fuente: elmundo.es · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

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