La sucesión de Trump debe abrir el Partido Republicano, no repartir su aval
La derrota republicana plantea algo más que un problema de candidatos: obliga a discutir cómo se eligen y ante quién responden. La carrera hacia 2028 debería servir para recuperar la competencia interna.
El Partido Republicano necesita que la sucesión de Donald Trump sea una competencia entre proyectos, no una disputa por obtener su bendición. La recuperación demócrata del Senado y de la Cámara de Representantes ofrece una razón para revisar las decisiones de la dirección, pero no permite reducir todos los resultados a una única explicación sobre el presidente.
En Texas, James Talarico ha derrotado a Ken Paxton, respaldado personalmente por Trump. En Ohio ha perdido Vivek Ramaswamy, una de las figuras más conocidas del movimiento trumpista. Estos resultados muestran que el apoyo presidencial no garantiza la victoria. No demuestran, por sí solos, que cualquier candidato distanciado de la Casa Blanca hubiera ganado.
La distinción importa. Sustituir la obediencia por una exigencia de ruptura sería conservar el mismo criterio personalista con el signo contrario. Un aspirante debería poder defender su programa, explicar su trayectoria y discrepar de decisiones presidenciales sin que toda su candidatura quede reducida a medir la proximidad con Trump.
El propio presidente pidió durante la campaña que se votara como si él estuviera en la papeleta. Después de la derrota sostuvo que el desenlace habría sido distinto con su nombre entre los candidatos. Esa posición merece una exigencia de responsabilidad: quien reclama protagonismo para movilizar el voto debe aceptar también el examen de su intervención cuando llegan las pérdidas.
La perspectiva de 2028 hace especialmente relevante ese debate. Trump no puede optar a un tercer mandato, mientras que el vicepresidente JD Vance y los demás aspirantes tendrán que definir su relación con su legado. Buscar únicamente el reconocimiento del presidente dejaría en segundo plano la discusión sobre qué conservar, qué corregir y con qué propuestas presentarse ante los electores.
Trump conserva la Casa Blanca y una influencia considerable. Abrir el partido no exige negar ese peso ni excluir a sus seguidores. Exige que ninguna adhesión personal sustituya al contraste de programas y candidatos. La renovación republicana será más sólida si permite elegir entre alternativas que si se limita a certificar un heredero.
Fuente: abc.es · leer el original
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