La responsabilidad de un ministro no se mide por el consuelo de las víctimas
La continuidad de Óscar Puente debe examinarse por su gestión y su capacidad para responder por ella, no por la conveniencia de su proyecto político ni por el alivio que pudiera producir su salida.
La responsabilidad política de un ministro no puede depender del consuelo que su dimisión proporcione a las víctimas. Tampoco de cuánto perjudique su permanencia al proyecto político al que pertenece. Ambos criterios desplazan la cuestión esencial: si quien dirige un departamento puede explicar su actuación y responder por las decisiones tomadas bajo su autoridad.
En su rueda de prensa de este viernes, Óscar Puente señaló que dejaría Transportes si se lo pidiera Pedro Sánchez o si su continuidad perjudicara al proyecto político del que forma parte. Es una explicación de las condiciones políticas de su permanencia, pero no un criterio suficiente para evaluar su responsabilidad como ministro.
La diferencia importa. El interés de un Gobierno por conservar a uno de sus integrantes no equivale al interés de los ciudadanos en disponer de una administración que rinda cuentas. Un ministro ejerce una función pública; la utilidad que conserve para su partido no puede ser la medida decisiva de su idoneidad.
También resulta equivocado plantear la dimisión como una forma de reparación emocional. Preguntado por si estaría dispuesto a marcharse para reconfortar a las víctimas, Puente cuestionó qué alivio les aportaría su salida y si ese efecto sería relevante. Pero ninguna decisión sobre un cargo público puede reparar por sí sola una pérdida personal.
De ahí no se deduce que la dimisión sea irrelevante. Su sentido no es compensar el sufrimiento, sino asumir una responsabilidad política cuando existen razones para ello. Tampoco una renuncia demuestra por sí misma una culpa ni sustituye el esclarecimiento de lo ocurrido.
Conviene, además, no colocar sobre las víctimas la carga de decidir la continuidad del ministro. Su dolor no necesita convertirse en argumento a favor o en contra de una carrera política.
El examen debe centrarse en la gestión, las explicaciones y las responsabilidades. Ni la lealtad al proyecto político basta para permanecer ni el consuelo constituye la prueba que deba exigirse para marcharse.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
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