La NASA pone fin a la misión del telescopio Swift y prevé su reentrada en las próximas semanas
El observatorio ha dejado de operar tras más de dos décadas de servicio. El fallo técnico de la nave que debía elevar su órbita frustró el intento de prolongar su actividad científica.
La NASA ha confirmado el final de la misión científica del Observatorio Swift Neil Gehrels, que orbita a menos de 275 kilómetros de la superficie terrestre. A esa altura, la resistencia atmosférica impide que sus telescopios apunten con precisión a los objetivos astronómicos. La agencia espacial estadounidense prevé que la nave reentre en la atmósfera en las próximas semanas.
Swift recopiló sus últimos datos científicos el 20 de octubre. El observatorio carece de propulsores capaces de contrarrestar la pérdida de altura, por lo que mantenerlo operativo exigía la intervención de otra nave que lo impulsara hasta una órbita superior.
La empresa de Arizona Katalyst Space Technologies preparó ese rescate con LINK, una nave experimental del tamaño de una nevera. El plan consistía en acoplarla al telescopio, sujetarlo con tres brazos robóticos y elevarlo para permitir que siguiera trabajando durante algunos años más.
LINK sufrió problemas técnicos irreversibles durante el trayecto que impidieron acercarse a Swift y realizar la maniobra con seguridad. A finales de agosto, el director ejecutivo de Katalyst, Ghonhee Lee, confirmó la cancelación del rescate. La compañía y la NASA coincidieron en que los riesgos operativos eran demasiado elevados para continuar.
La reentrada aún no tiene una fecha exacta. El clima espacial puede acelerar el descenso, porque las tormentas solares expanden la atmósfera y aumentan su influencia sobre la órbita. Se prevé que el rozamiento con el aire destruya casi por completo el observatorio y que, si sobreviven algunas piezas, caigan previsiblemente al mar.
Lanzado en noviembre de 2004 para estudiar los estallidos de rayos gamma, Swift había sido diseñado para funcionar durante dos años. Su actividad se extendió durante más de dos décadas, en las que observó más de 2.000 de esos estallidos y más de 1.400 explosiones de supernovas. También estudió asteroides, cometas y agujeros negros y realizó un análisis de todo el cielo en rayos X.
Según la NASA, los datos de la misión han contribuido a unos 7.000 artículos científicos. Su archivo público ocupa aproximadamente 12 terabytes y contiene casi 22 años de mediciones del brillo de erupciones cósmicas, además de más de 1,5 millones de imágenes obtenidas por su Telescopio Ultravioleta/Óptico.
Fuente: abc.es · leer el original
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