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Opinión

La mayoría demócrata debe medirse por su control del poder, no solo por su oposición a Trump

El cambio de manos de las dos cámaras abre una oportunidad para reforzar la rendición de cuentas. Su valor dependerá de que los nuevos responsables del Congreso defiendan límites que también aceptarían para un presidente de su partido.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Vista realista del Capitolio de Estados Unidos desde una avenida de Washington en una mañana de otoño, con árboles de hojas amarillas y peatones lejanos no reconocibles.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

La nueva mayoría demócrata debe convertir su victoria legislativa en un control exigente de la presidencia, no en una competición por atribuirse toda la legitimidad política. Ese es el criterio con el que conviene juzgar la etapa que abre la pérdida del Congreso por el Partido Republicano: no cuántas derrotas parlamentarias acumula Donald Trump, sino cuánto mejora la rendición de cuentas.

El paso de la Cámara de Representantes y del Senado a manos demócratas modifica el equilibrio institucional. Pero no elimina las amplias atribuciones ejecutivas que conserva el presidente. La coexistencia de esos poderes obliga a distinguir entre fiscalizar al Gobierno y pretender reemplazarlo desde el Legislativo. La separación de poderes exige límites en ambas direcciones.

Por eso, interpretar el resultado como una orden inequívoca sobre cada política sería excesivo. Una mayoría parlamentaria permite ejercer las competencias del Congreso; no demuestra por sí sola que los electores compartan íntegramente el programa de quienes la forman. Tampoco el retroceso republicano permite atribuir una misma motivación a todos los ciudadanos que han cambiado su voto.

La fiscalización debería centrarse en decisiones y resultados comprobables. Los aranceles y su coste para los consumidores ofrecen un terreno concreto para esa tarea: exigir explicaciones sobre una política económica es más útil que convertir cada comparecencia en un juicio general sobre la identidad del adversario. El bolsillo de los ciudadanos merece algo más que una prolongación de la campaña.

También los republicanos tienen una responsabilidad que la derrota no cancela. Defender las competencias del Congreso cuando la mayoría pertenece al rival sería una prueba de autonomía institucional. La consistencia de un partido se aprecia precisamente cuando debe escoger entre proteger una facultad de control y evitar una dificultad a su propio presidente.

Los demócratas, por su parte, tendrán que demostrar que sus exigencias no dependen del nombre de quien ocupa la Casa Blanca. Un control diseñado únicamente contra Trump sería una respuesta partidista y reversible. El avance duradero consistiría en sostener reglas de transparencia y responsabilidad que siguieran siendo válidas con un presidente demócrata. Esa debe ser la medida de la nueva mayoría.

Fuente: elmundo.es · leer el original

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Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

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