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Sociedad

La especialista en sueño Sofía Rodríguez Moroder aconseja ajustar las rutinas antes del cambio de hora

La doctora propone desplazar gradualmente la cena y el momento de acostarse para evitar un salto brusco de una hora. Las personas dependientes, los mayores y los bebés son, según explica, los más sensibles al ajuste.

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Publicado: · Contenido generado con IA

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Dormitorio cotidiano al anochecer, con luz tenue, un reloj sobre la mesilla y una ventana por la que se aprecia la última claridad del día, sin personas.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

La doctora Sofía Rodríguez Moroder, especialista en patología del sueño, recomienda preparar el paso al horario de invierno retrasando unos diez minutos al día la cena o la hora de acostarse. Su propuesta es empezar una semana o diez días antes, de modo que el organismo se acomode progresivamente al nuevo horario.

Con el cambio de este otoño ya realizado, la especialista plantea esa pauta para la próxima ocasión. Para el paso al horario de verano, explica, el movimiento sería el contrario: adelantar las rutinas en pequeños intervalos, en lugar de modificarlas una hora de golpe.

Rodríguez Moroder vincula las molestias a la influencia de la luz y la oscuridad sobre el organismo. Según expone, el retraso de los relojes introduce una jornada de 25 horas frente al ciclo habitual de 24, lo que puede descolocar los momentos en los que aparecen el hambre, el cansancio o el sueño.

La respuesta no es igual en todas las personas. La doctora señala que algunas apenas experimentan repercusiones, mientras que las personas dependientes, las de edad muy avanzada y los bebés tienen más dificultades para acomodar sus necesidades al nuevo reloj.

El anochecer más temprano también puede afectar al ánimo, sostiene la especialista. A su juicio, la pérdida de luz al terminar la jornada laboral y la perspectiva de mantener esa situación durante meses pueden generar ansiedad en algunas personas y dificultar después el descanso nocturno.

Para afrontar ese malestar, propone volver a casa algo antes y buscar actividades agradables que no dependan de estar al aire libre. También destaca el valor de mantener el contacto con la transición hacia la noche, por ejemplo al practicar deporte mientras anochece.

Según Rodríguez Moroder, el cambio se percibe más entre quienes mantienen horarios regulares que entre quienes trabajan a turnos. La doctora sitúa la adaptación al nuevo horario en unas tres o cuatro semanas.

Fuente: Libertad Digital · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa.

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