La derecha debe ofrecer límites a su propio poder, no solo un relevo de Sánchez
La credibilidad de una reforma institucional se mide por las ventajas a las que renuncia quien la impulsa. Cambiar de Gobierno y conservar intactas sus palancas de control sería una alternancia, no una garantía.
La derecha debería explicar qué límites está dispuesta a imponerse si llega al Gobierno. No basta con enumerar los excesos que atribuye a Pedro Sánchez ni con prometer una administración de signo contrario. La prueba de una alternativa liberal es más incómoda: aceptar controles que también puedan frustrar sus propios planes.
El debate sobre la derrota republicana en las elecciones estadounidenses de mitad de mandato invita a buscar lecciones para España. Conviene escogerlas bien. Obama perdió el Congreso en 2010 y el Senado cuatro años después; Trump perdió el Congreso en 2018 y Biden en 2022. Esos antecedentes aconsejan prudencia antes de convertir cada revés del gobernante en una sentencia definitiva sobre su adversario.
Para la oposición española, la cuestión útil no es decidir cuánto se parece Sánchez a Trump. Esa competición de parecidos puede animar una discusión, pero no diseña un contrapeso. Lo importante es determinar qué facultades del poder deben quedar sujetas a límites con independencia del nombre, el partido o las intenciones de quien las ejerza.
Hay una diferencia sustancial entre reformar una institución para hacer más difícil su captura y reformarla para colocar a otros al mando. La primera operación reduce la discrecionalidad del vencedor. La segunda cambia a sus beneficiarios. Si el argumento contra una práctica desaparece cuando cambia el Gobierno, no era un principio: era una reclamación de turno.
La derecha se quedó hace tres años al borde de la mayoría absoluta. Ese resultado explica el interés por ampliar su apoyo electoral, pero no resuelve qué hacer con una eventual mayoría. Los votos permiten gobernar; no convierten cualquier uso del poder en una decisión institucionalmente saludable.
Por eso, una propuesta de regeneración debería poder superar una pregunta sencilla: ¿seguirían sus promotores defendiendo esas reglas si favorecieran a sus adversarios? Ahí empieza la seguridad jurídica y termina el reparto de conveniencias. La alternativa a Sánchez será más creíble cuando ofrezca garantías que sobrevivan a su marcha y obliguen también a quienes lo sustituyan.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.
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