La autonomía mineral europea debe medirse por el riesgo que reduce, no por lo que promete
La UE aspira a rebajar del 76% al 65% sus compras de minerales estratégicos a China en 2030. Los 49.000 millones de euros de inversión necesarios obligan a distinguir entre diversificar el suministro y alcanzar una autosuficiencia que ese objetivo no contempla.
Europa necesita una política de minerales estratégicos que mida la seguridad obtenida por cada euro invertido, no su éxito por la ambición de los anuncios. Reducir la dependencia de China puede justificar un esfuerzo económico considerable; presentarlo como una vía rápida hacia la autonomía confunde el objetivo con sus posibilidades reales.
El enviado presidencial francés para Minerales Estratégicos y Suministro de Minerales, Benjamin Gazellott, sostuvo el miércoles que la dependencia occidental podría reducirse considerablemente en un plazo de tres a cinco años. Esa expectativa debe contrastarse con la meta comunitaria: pasar de comprar a China el 76% de los minerales estratégicos al 65% en 2030.
Son once puntos porcentuales menos, pero el proveedor chino seguiría concentrando casi dos tercios de las compras. Esto no convierte la reducción en irrelevante. Sí exige explicar qué vulnerabilidades se pretende corregir y por qué ese avance merece la inversión prevista de 49.000 millones de euros. Diversificación y autosuficiencia no son sinónimos.
El problema tampoco se resuelve anunciando que habrá más producción occidental. Recuperar minería e industria pesada supone apostar por actividades menos competitivas aquí que en China. El argumento estratégico puede pesar más que el precio, pero no elimina la diferencia de costes: obliga a justificarla. Una capacidad productiva más cara debe aportar una seguridad de suministro que compense ese esfuerzo.
Conviene, además, no confundir inversión necesaria con factura pública. Los 49.000 millones expresan la dimensión económica del objetivo, no autorizan a dar por decidido quién debe financiarlos. La distribución del riesgo entre empresas y administraciones merece tanta atención como el volumen anunciado.
Una política rigurosa debería evaluarse por la dependencia que consigue reducir y por el coste de mantener esa reducción. Europa no necesita prometer que dejará de necesitar a China: necesita demostrar que podrá depender menos de ella sin convertir cualquier proyecto industrial en un gasto justificado por la palabra seguridad.
Fuente: elmundo.es · leer el original
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