La alta velocidad debe rendir cuentas también por su mantenimiento
Las advertencias del ingeniero Salvador García-Ayllón plantean una exigencia de gestión: la capacidad de una red ferroviaria no debe valorarse al margen de los recursos y la tecnología necesarios para conservarla.
El mantenimiento de la alta velocidad debe someterse a una rendición de cuentas tan exigente como su puesta en servicio. Disponer de una infraestructura no basta para acreditar una buena gestión: también hay que explicar cómo se conserva y con qué criterios se garantiza su funcionamiento seguro.
Salvador García-Ayllón, director del departamento de Ingeniería Civil de la Universidad Politécnica de Cartagena y especialista en ferrocarril, advierte del riesgo que, a su juicio, representa el deterioro de la alta velocidad. Su argumento distingue entre disponer del dinero necesario para adquirir un sistema costoso y contar con los recursos para mantenerlo. Esa diferencia debería ocupar un lugar central en la evaluación de la gestión ferroviaria.
La consecuencia no es reclamar automáticamente más gasto. Es exigir que los responsables justifiquen las necesidades de conservación, las prioridades y el destino de los recursos. Para el ciudadano, la cuestión afecta tanto a la seguridad del servicio que utiliza como a la posibilidad de evaluar si el dinero se administra adecuadamente.
García-Ayllón sostiene, además, que se están manejando máquinas a 300 kilómetros por hora con tecnología de hace 50 años. Es una afirmación del especialista que merece una respuesta técnica concreta. La antigüedad, por sí sola, no debería sustituir el examen de la idoneidad de los equipos; tampoco cabe eludir ese examen invocando únicamente las prestaciones del tren.
El ingeniero rechaza asimismo que se culpe a un controlador por el accidente de Urda. Su objeción no resuelve la atribución de responsabilidades, pero apunta a una distinción necesaria: investigar una actuación individual no equivale a evaluar el funcionamiento del conjunto. Ninguna de esas tareas debería utilizarse para evitar la otra.
La rendición de cuentas ferroviaria debe unir ambas exigencias: determinar las responsabilidades que correspondan y justificar las decisiones de conservación. Ni un culpable anticipado explica todo un sistema ni una deficiencia general puede servir para diluir responsabilidades concretas.
Fuente: elmundo.es · leer el original
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