Ganar las elecciones no da derecho a reiniciar las instituciones
Una eventual mayoría de PP y Vox tendría que distinguir entre renovar los órganos con mandatos vencidos y exigir que todos los contrapesos se adapten al nuevo Gobierno. La independencia institucional empieza por aceptar esa diferencia.
La alternancia debe cambiar al Gobierno, no poner a cero el reloj de las instituciones. Si PP y Vox alcanzan una mayoría tras las elecciones del 29 de noviembre, su legitimidad para gobernar no convertirá automáticamente en obstáculos ilegítimos todos los mandatos que sobrevivan a Pedro Sánchez. Confundir ambas cosas sería combatir el reparto partidista con otro reparto.
El Banco de España y la CNMC tienen renovaciones sujetas a plazos que se prolongarían durante parte de la siguiente legislatura. Esa continuidad puede resultar incómoda para quien llegue a la Moncloa. Pero la incomodidad del gobernante no es una anomalía institucional. Un organismo cuya dirección dependiera siempre del último resultado electoral tendría difícil actuar como contrapeso.
El Tribunal Constitucional plantea un problema distinto: Cándido Conde-Pumpido y otros tres magistrados llevan un año con el mandato caducado. Aquí no se trata de respetar un plazo todavía vigente, sino de completar una renovación pendiente. Mezclar ambos supuestos permite presentar cualquier permanencia como un blindaje y cualquier sustitución como una liberación. Es un atajo cómodo. También equivocado.
Corresponde al Senado proponer esos cuatro candidatos mediante una mayoría de tres quintos. Una mayoría absoluta de PP y Vox no bastaría por sí sola. La exigencia obliga a buscar apoyos más amplios que los necesarios para sostener un Ejecutivo. No garantiza buenos nombramientos, pero tampoco autoriza a tratar el acuerdo como una concesión intolerable al adversario.
La renovación del CGPJ, alcanzada con mediación europea, ofrece un antecedente de negociación entre los grandes partidos. El objetivo debería ser que ese entendimiento sirviera para cumplir las reglas y seleccionar perfiles independientes, no para perfeccionar un inventario de puestos propios y ajenos. Repartir con educación sigue siendo repartir.
La prueba para una eventual nueva mayoría sería doble: impulsar las renovaciones vencidas y respetar los mandatos en curso. También aceptar que la independencia no puede medirse por la docilidad de las decisiones. Si el remedio consiste en sustituir afinidades, no habrá cambiado el modelo institucional. Solo sus beneficiarios.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.
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