En ‘Colisión’, el uniforme importa más que el rompecabezas
El thriller de Daniel Sánchez Arévalo encuentra su mejor conflicto en unos atracadores que también son policías: las alternativas del relato interesan por lo que revelan de sus decisiones, no solo por su ingenio.
Lo más interesante de Colisión no es que un accidente pueda abrir distintas historias, sino que quienes deben afrontar sus consecuencias sean policías convertidos en atracadores. Esa contradicción ofrece un punto de apoyo más fértil que cualquier pirueta narrativa: los protagonistas conocen la ley que han decidido quebrantar. El uniforme no es un detalle añadido al golpe, sino el elemento que cambia nuestra manera de juzgarlo.
Daniel Sánchez Arévalo se desplaza aquí desde la comedia dramática hacia el thriller criminal. El punto de partida es el asalto a una sucursal bancaria por cuatro ladrones que resultan ser agentes. Después, las distintas consecuencias de un accidente articulan posibles recorridos, vinculados a la desaparición de un personaje y al comportamiento de los supervivientes.
La estructura de alternativas permite plantear una pregunta que una narración lineal deja más escondida: cuánto depende una conducta de las circunstancias y cuánto de quien actúa. Cambiar el curso de los acontecimientos no tiene por qué borrar la responsabilidad de los personajes. Al contrario, puede servir para examinarla desde varios ángulos. Ahí está la oportunidad del rompecabezas, más allá de sorprender al espectador.
El arranque sitúa la historia en la crisis económica de la pasada década e introduce una atribución política a la austeridad de Luis de Guindos. Pero una explicación del entorno no equivale a una explicación suficiente de las decisiones individuales. Para este conflicto, importa menos resolver de antemano el origen de todos los males que observar qué hacen unos agentes cuando pasan al otro lado de la ley.
La presencia de Luis Zahera y Karra Elejalde aporta al reparto rostros reconocibles, aunque el verdadero centro de gravedad es colectivo: la conducta de quienes sobreviven. La desaparición de un personaje convierte las respuestas de los demás en materia narrativa y permite que el atraco sea algo más que una operación con consecuencias imprevistas.
Por eso, la medida más exigente para Colisión no es cuántos caminos consigue abrir, sino cuánto cambia nuestra comprensión de sus protagonistas al recorrerlos. El mecanismo merece la pena si ilumina sus elecciones. Si solo las multiplica, el rompecabezas termina ocupando el lugar del conflicto que debía desarrollar.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
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