El olvido digital no debería confundirse con una condena
La serie Segunda temporada reúne a figuras que conocieron la fama en las redes. Sus trayectorias permiten discutir una distinción necesaria: perder público, responder ante la justicia y convertirse en personaje de uno mismo no son el mismo desenlace.
El olvido digital no debería confundirse con una condena. Medir todas las trayectorias de los influencers por su capacidad para conservar espectadores borra diferencias esenciales: qué hicieron, de qué deben responder y qué libertad tienen para dejar atrás su personaje. Segunda temporada, la serie de Filmin, ofrece un punto de partida para separar esas cuestiones.
Entre las figuras que recrea está Kanghua Ren, conocido como ReSet. Una sentencia judicial lo apartó de su canal de YouTube después de que humillara a un hombre sin hogar en Barcelona: le ofreció unas galletas cuyo relleno había sustituido por pasta de dientes, grabó lo sucedido y lo publicó. Aquí no hablamos simplemente de una audiencia que cambia de gustos, sino de una conducta que tuvo una respuesta judicial.
La distinción importa porque la pérdida de popularidad no sirve como medida de responsabilidad. Que alguien deje de ser una estrella no explica si ha reparado un daño; que conserve seguidores tampoco lo exonera. El número de espectadores pertenece a una lógica distinta de la que debe regir una sentencia.
Yolanda Gallardo, la Pelopony, participa en la serie interpretando a Barby Badalona, un trasunto de sí misma. Su presencia plantea otra cuestión: volver a una pantalla puede abrir una oportunidad profesional y, al mismo tiempo, prolongar la identificación entre una persona y el personaje por el que se hizo conocida. No hay por qué negar lo primero para examinar lo segundo.
Gallardo había convertido una crisis sentimental en una sucesión de vídeos de Instagram. Al llevar ahora una versión de sí misma a la ficción, cambia el formato de esa exposición. Pero interpretar el propio personaje no demuestra, por sí solo, ni una liberación de aquella imagen ni una dependencia inevitable de ella.
Una crítica útil de la fama digital debe evitar ese veredicto automático. Hay conductas que juzgar y representaciones que analizar, pero desaparecer del escaparate no constituye una falta. La atención del público no es un derecho adquirido; tampoco debería convertirse en la única medida de una vida.
Fuente: elmundo.es · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.
Nuestro métodoComentarios (0)
Cargando comentarios…
