El éxito de Sinatra no convierte ‘New York, New York’ en una creación solitaria
La identificación de una canción con su intérprete puede acabar borrando a quienes la hicieron posible. El recorrido de este clásico permite distinguir entre componer una obra, descubrir sus posibilidades y convertirla en un éxito.
La voz que hace célebre una canción no debería quedarse también con toda su historia. Asociar New York, New York a Frank Sinatra resulta comprensible; contar su trayectoria como si hubiera nacido con él deja fuera precisamente lo más interesante: una cadena de decisiones creativas que ningún protagonista controló por completo.
John Kander y Fred Ebb prepararon la composición en 1976 para el musical de Martin Scorsese, protagonizado por Liza Minnelli y Robert De Niro. Fue este último quien objetó que el tema principal resultaba poco convincente para su personaje y quedaba eclipsado por los números de Minnelli. Scorsese pidió entonces una reescritura.
Conviene repartir los méritos sin confundir los oficios. La objeción del actor tuvo consecuencias, pero no lo convirtió en compositor. Detectar un problema y resolverlo son trabajos distintos. Kander y Ebb escribieron la nueva versión; Minnelli la grabó para la película. El desacuerdo importa porque hubo alguien capaz de transformarlo en música.
El fracaso comercial del largometraje, estrenado en 1977, tampoco clausuró las posibilidades de la canción. Barbara Sinatra percibió su potencial e insistió en que su marido la incorporase al repertorio. Él la rechazó inicialmente por considerarla ajena a su estilo. El intérprete que terminaría asociado al tema no fue, por tanto, su primer defensor.
Sinatra empezó a probarla en directo en 1978, en el Radio City Music Hall. La respuesta entusiasta del público precedió a la grabación de finales de 1979 y a su publicación, en la primavera de 1980, dentro de Trilogy: Past Present Future. Su aportación fue decisiva: encontró una vida para la pieza fuera de la película.
Nada de esto rebaja al cantante. Al contrario: permite valorar su interpretación sin atribuirle retrospectivamente todas las intuiciones anteriores. La celebridad simplifica; la crítica debería hacer el trabajo contrario. New York, New York no necesita un dueño absoluto para ser un clásico. Reconocer a quienes la escribieron, la estrenaron y apostaron por ella no le quita nada a Sinatra. Solo evita que el aplauso funcione como una goma de borrar.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.
Nuestro métodoComentarios (0)
Cargando comentarios…
