En ‘Ser o no ser’, el teatro no adorna la resistencia: la hace posible
La comedia de Lubitsch encuentra su fuerza en algo más que ridiculizar al nazismo: convierte el oficio de unos actores, con sus vanidades incluidas, en una herramienta contra la persecución.
El acierto de Ser o no ser está en dar al teatro una utilidad que ninguna solemnidad puede sustituir: permite resistir. En la comedia que Ernst Lubitsch dirigió en 1942, interpretar un papel no es una evasión frente al peligro. Es una manera de intervenir en él. La ficción deja de ser refugio y se convierte en instrumento.
La trama sitúa a una compañía teatral en Varsovia durante el comienzo de la ocupación alemana. Un espía al servicio de la Gestapo pretende atrapar a los colaboradores de la resistencia. Los actores responden con aquello que saben hacer: suplantar, representar, convencer. Su oficio proporciona el recurso con el que trabajan para la resistencia. No necesitan dejar de ser actores para resultar útiles.
Esa elección sostiene una lectura más interesante que el simple elogio de la burla. El poder perseguidor dispone de una autoridad que los cómicos intentan falsificar. La apariencia, que debería certificar quién manda, se vuelve vulnerable a la representación. Menuda garantía de grandeza: que el oficio de un actor pueda poner en aprietos su funcionamiento.
Lubitsch tampoco necesita presentar a los integrantes de la compañía como seres libres de mezquindades. La discusión entre los personajes de Carole Lombard y Jack Benny mezcla decisiones escénicas, rivalidad matrimonial y hambre de protagonismo. Esos egos no quedan fuera del relato para despejar el camino a una lección edificante. Forman parte de las personas capaces de actuar contra la persecución.
Ahí hay una virtud narrativa: la valentía no exige una personalidad impecable. Una comedia puede conceder a sus personajes debilidades sin negarles capacidad de elección. Y puede defender una causa sin convertir a quienes la sostienen en estatuas.
La combinación de suspense y humor resulta, por eso, esencial. Hay colaboradores de la resistencia amenazados y hay actores que recurren al engaño para ayudarles. La risa no elimina lo que está en juego; nace dentro de ese peligro.
Reducir Ser o no ser a una buena mofa del nazismo deja fuera su hallazgo más fértil. El teatro no aparece como un lujo que deba suspenderse cuando llega la barbarie. Sus herramientas sirven para combatirla. Hasta la vanidad puede encontrar un trabajo decente.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.
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