Una deuda más pequeña en proporción no es una deuda menor
La discusión sobre las cuentas públicas exige distinguir entre cuánto se debe y cuánto pesa esa obligación sobre la economía. Confundir ambas cosas sirve a la propaganda, no al contribuyente.
El Gobierno debe explicar qué baja cuando presume de reducir la deuda: su importe o su proporción respecto al PIB. No es una sutileza para especialistas. Es la diferencia entre deber menos dinero y disponer de una economía mayor sobre la que repartir la carga. Ambas mejoras pueden importar, pero no son intercambiables.
Pedro Sánchez ha defendido este domingo, en una entrevista, que la economía española crece y que la deuda desciende. Presentadas juntas, esas afirmaciones invitan a interpretar que el crecimiento viene acompañado de una reducción de las obligaciones públicas. Para sostener esa lectura hace falta separar los indicadores. La aritmética no debería necesitar un portavoz.
La relación entre deuda y PIB tiene un numerador y un denominador. Si la economía aumenta más deprisa que el endeudamiento, el porcentaje puede bajar aunque el importe pendiente siga subiendo. Esa reducción relativa puede ser favorable: significa que la deuda pesa menos sobre la producción anual. Negarlo sería tan poco riguroso como presentarlo automáticamente como dinero devuelto a los acreedores.
También conviene evitar el error contrario. Comparar la deuda acumulada con el PIB de un año no permite concluir qué parte del gasto corriente se financia con préstamos. Una cosa es el saldo de obligaciones y otra, los ingresos y gastos de cada ejercicio. La oposición al Gobierno no concede una dispensa para mezclar magnitudes.
Para el contribuyente, la cuestión práctica está en los intereses y en el margen presupuestario. El dinero destinado a atender la deuda no queda disponible para otros usos, incluidos los servicios públicos o una reducción de impuestos. Por eso, un balance político solvente debe explicar también el coste de financiarla, no limitarse al porcentaje más vistoso.
La exigencia liberal no consiste en declarar ficticio cualquier crecimiento ni en celebrar cualquier descenso de una ratio. Consiste en reclamar cuentas comprensibles y comparables. Si baja el peso de la deuda, dígase. Si baja además su importe, demuéstrese. El mérito de una gestión debe caber en una explicación completa, no depender de que el ciudadano confunda dos cosas distintas.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.
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