Convertir el insulto de Milei en bandera no es un programa de gobierno
Sánchez puede apropiarse de una descalificación para movilizar a los suyos. Lo que no puede hacer es convertir esa victoria publicitaria en una respuesta sobre cómo gobierna.
La réplica más útil al insulto político no consiste en estamparlo en una lona, sino en obligar a discutir propuestas. Pedro Sánchez ha elegido apropiarse del término zurdo que Javier Milei emplea para descalificar a la izquierda. Puede funcionar como publicidad. Como argumento de gobierno, una etiqueta sigue siendo una etiqueta, aunque ahora venga con orgullo incorporado.
Milei utiliza esa palabra para reunir bajo una misma censura a socialistas, partidarios de las políticas identitarias y keynesianos. El problema no es únicamente el tono. Es la sustitución de diferencias relevantes por una categoría que permite despachar al adversario sin examinar sus razones. Una defensa del mercado pierde precisión cuando trata cualquier discrepancia como una variante del mismo enemigo.
Sánchez responde aceptando el nombre y cambiándole el signo. El PSOE ya había explotado una fórmula semejante con las chapas de Perro Sanxe; después llevó la reivindicación de los zurdos a las lonas de Ferraz. La operación transforma una descalificación en una contraseña de pertenencia. El insulto sale de una tribuna y llega convertido en material de campaña.
Ambos movimientos pueden alimentarse mutuamente. Cuanto más amplia sea la descalificación de Milei, más fácil resulta para Sánchez presentarse como representante de todos los aludidos. Y cuanto más orgullosamente asuma Sánchez la etiqueta, menos esfuerzo necesita su adversario para mantenerla en circulación. Es una discusión muy rentable para sus protagonistas y bastante pobre para quien busca comparar políticas.
La tradición reformista de Eduard Bernstein ofrece un criterio más exigente: mejoras concretas mediante instituciones representativas, frente a la pureza doctrinal y la promesa de una ruptura definitiva. No hace falta compartir su socialdemocracia para apreciar esa prioridad. Permite discutir resultados y medios, no certificados de pertenencia.
Por eso, adoptar el término zurdo no demuestra por sí mismo ni una degeneración del socialismo ni una renovación de sus compromisos. Demuestra una elección comunicativa. La crítica al Gobierno debe exigir razones sobre sus decisiones; la defensa del Gobierno debe ofrecerlas. Ni Milei refuta una política poniéndole un mote ni Sánchez la justifica poniéndose ese mote en la solapa.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.
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