Todos los Santos necesita transmisión, no una batalla contra Halloween
La continuidad de una costumbre depende de que alguien quiera practicarla y explicar su sentido. Convertir la celebración vecina en un enemigo no resuelve ese trabajo.
Defender Todos los Santos exige transmitir su significado, no combatir Halloween. Una tradición no queda protegida porque se desacredite otra celebración: necesita personas que la conozcan, la practiquen y encuentren motivos para compartirla. La objeción a las calabazas puede expresar un apego sincero a lo heredado, pero no sustituye ninguna de esas tareas.
Rebeca Argudo describe una convivencia concreta: prepara dulces con formas de terror y decora su puerta para Halloween, pero también hace panellets, acude al cementerio y coloca una vela para las ánimas. Su relato permite señalar algo más preciso que una supuesta victoria de una fiesta sobre otra: una misma persona puede participar de ambas sin renunciar a sus costumbres.
Esa compatibilidad no obliga, sin embargo, a considerar intercambiables todos los ritos. Una visita al cementerio y una sesión de cine de terror pueden compartir fechas sin responder al mismo propósito. Recordar a los muertos y buscar una experiencia de diversión no tienen por qué competir, pero tampoco necesitan confundirse para merecer respeto.
Ahí está el trabajo de quienes desean conservar Todos los Santos: explicar qué significa la visita, por qué se enciende la vela o qué vínculo familiar acompaña a un dulce. Si solo se conserva la forma, queda sin transmitir una parte esencial de la herencia. Y si toda la energía se dedica a reprochar la fiesta ajena, la explicación vuelve a quedar pendiente.
La referencia de Argudo a Chesterton plantea el peso que deben tener los antepasados en nuestras decisiones. Escucharlos resulta compatible con reconocer la libertad de los vivos. Heredar una costumbre ofrece una oportunidad de continuidad; no debería convertirse en una obligación de demostrar lealtad rechazando cualquier incorporación.
También cabe preferir únicamente Todos los Santos o celebrar solo Halloween. La convivencia no exige que todo el mundo mezcle ambas fechas ni que disfrute de los mismos símbolos. Exige aceptar que el gusto propio no concede autoridad sobre el del vecino.
La defensa más convincente de una tradición consiste, por tanto, en hacerla comprensible y practicable para quienes pueden recibirla. Todos los Santos tendrá mejores defensores en quienes expliquen sus ritos y los compartan que en quienes conviertan Halloween en la medida de su fidelidad.
Fuente: abc.es · leer el original
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