Ganar unas autonómicas no basta para liderar el PSOE
Una alternativa a Pedro Sánchez necesitaría algo más que dirigentes con poder territorial: un proyecto nacional y reglas de competencia interna que no conviertan la renovación en otro reparto del aparato.
La sucesión de Pedro Sánchez no debería resolverse como una competición entre quienes consigan conservar una alcaldía o una presidencia autonómica. Ganar elecciones puede acreditar capacidad política, pero no basta para justificar el liderazgo de un partido nacional. La cuestión decisiva es qué se pretende cambiar y con qué respaldo interno.
La hipótesis de una alternativa socialista impulsada desde los territorios tiene una lógica comprensible. Un dirigente que mantiene el apoyo de sus electores dispone de una posición más sólida para discutir el rumbo del partido. También resulta razonable que quien afronta unas elecciones propias prefiera concentrarse en ellas antes que abrir una disputa por la dirección federal.
Pero esa lógica encierra una limitación: convierte el calendario de los aspirantes en el calendario de la renovación. Si el cuestionamiento del liderazgo queda aplazado hasta que cada cual asegure su posición, será difícil distinguir una discrepancia de fondo de una negociación sobre el reparto futuro del poder.
Emiliano García-Page sostiene que no será él quien aspire al relevo, aunque apoyará a un nuevo líder. Esa distinción entre candidato e impulsor importa. Quien promueve una alternativa también debe explicar sus criterios para respaldarla. La influencia territorial no debería sustituir al debate sobre el programa ni funcionar como una delegación informal para decidir por el conjunto del partido.
Tampoco la celebración de un congreso extraordinario resolvería por sí sola el problema. Adelantar una votación puede abrir la competencia, pero no garantiza que exista una oferta política distinta. Los nombres y los apoyos deberían acompañarse de compromisos reconocibles sobre el ejercicio del poder, los contrapesos institucionales y la rendición de cuentas.
Por eso, fijar una fecha para la batalla sucesoria resulta menos importante que definir su contenido. Una renovación que dependa únicamente de quién gana en su territorio corre el riesgo de cambiar al dirigente sin cambiar la manera de dirigir. El PSOE necesitaría discutir primero una alternativa política; después, quién puede representarla.
Fuente: abc.es · leer el original
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