‘Sentido y sensibilidad’ no necesita un veto a las nuevas versiones
La huella de la adaptación de Ang Lee eleva la exigencia para Georgia Oakley, pero no convierte a Austen en territorio cerrado. La comparación debe atender a las decisiones cinematográficas, no al sexo de quienes firman la película.
Una nueva adaptación de Sentido y sensibilidad debe justificar sus decisiones, no pedir permiso para existir. El recuerdo de una película admirada permite exigir más a quien vuelve a la misma novela; no basta, en cambio, para declarar innecesario cualquier intento. Confundir ambas cosas convierte el gusto por una obra en una prohibición estética.
La versión dirigida por Georgia Oakley, con guion de Diana Reid y protagonizada por Daisy Edgar-Jones y Esmé Creed-Miles, llega a los cines el 23 de octubre. Tiene delante la referencia de Ang Lee, con Emma Thompson y Kate Winslet. Ese antecedente ofrece un término de comparación especialmente exigente, pero ninguna adaptación agota por sí sola las posibilidades de una novela.
La historia de Austen contiene un conflicto que admite distintos énfasis: las dificultades de tres hermanas cuya búsqueda amorosa está atravesada por la necesidad de estabilidad económica. Contar ese mundo exige decidir cuánto pesan el deseo, la dependencia material y las convenciones sociales. Ahí puede encontrarse una razón artística para regresar al libro, sin necesidad de prometer que se superará a Lee.
Tampoco que la nueva película esté producida, escrita y dirigida por mujeres constituye una garantía de acierto ni una prueba de oportunismo. La autoría permite identificar quién toma las decisiones; no sustituye el examen de sus resultados. Suponer una motivación inclusiva no demuestra nada sobre la capacidad de una escena para expresar un desengaño o un anhelo.
La crítica de Carlos Boyero contiene una objeción más concreta cuando cuestiona la insistencia del piano y el violín. Discutir si la música acompaña la emoción o intenta imponerla sí sitúa el debate en el terreno cinematográfico. Es una observación que puede razonarse y contrastarse, a diferencia de la idea de que volver a una obra admirada constituye por sí mismo una profanación.
Defender la posibilidad de nuevas versiones no obliga a celebrarlas. También permite concluir que una adaptación anterior resolvía mejor sus conflictos. Pero esa conclusión debe ser el resultado de la comparación, no su punto de partida: respetar a Austen y a Lee consiste en tomarlos en serio, no en utilizarlos para cerrar el paso a otros.
Fuente: elpais.com · leer el original
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