Seguridad ante el jabalí, sin convertir una emergencia en una guerra
La protección de las personas debe prevalecer ante un animal que las ataca, pero esa prioridad no convierte cualquier respuesta contra la fauna salvaje en una buena política. El episodio de Zaragoza exige distinguir entre una emergencia y la gestión que debería prevenirla.
Durante las fiestas del Pilar, un jabalí recorrió las calles de Zaragoza y entró en un bar de la calle del Temple. Allí embistió a una mujer, que resultó herida, y el propietario del establecimiento, que era cazador, mató al animal con un cuchillo. El punto de partida del debate es una agresión real, no una disputa abstracta sobre la relación entre seres humanos y animales.
Una persona no tiene por qué aceptar que su integridad quede subordinada a la preservación de un animal que está causando daño. Tampoco un hostelero debe asumir como parte ordinaria de su negocio la irrupción de fauna salvaje. Defender la seguridad de clientes y trabajadores es compatible con exigir que las intervenciones eviten sufrimientos innecesarios.
Esa compatibilidad obliga a separar dos planos. Una actuación bajo peligro inmediato debe examinarse atendiendo a las circunstancias y a las alternativas disponibles en ese momento. Una política de control de fauna, en cambio, requiere objetivos, criterios y responsables. Ni la indignación por la muerte del jabalí resuelve la emergencia ni la emergencia justifica por sí sola una campaña indiscriminada contra la especie.
La exigencia a los poderes públicos debería centrarse en prevenir entradas peligrosas y disponer de una respuesta que no deje toda la carga sobre quien atiende un local. Ese es un criterio de rendición de cuentas más útil que convertir al propietario en héroe o culpable automático. La seguridad no debería depender de que el comerciante tenga experiencia como cazador.
También cabe protestar por el trato a los animales sin atribuir a quienes discrepan desprecio por la vida humana. Pero el mismo rigor debe reclamarse a los convocantes: presentar una muerte como asesinato presupone una culpabilidad que una consigna no puede establecer. Amnistía Animal ha convocado una manifestación por la muerte del jabalí de Zaragoza y sus promotores la califican de ese modo.
Fuente: abc.es · leer el original
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