PP y Vox deben disputar el voto socialista, no descalificar a sus electores
Una alternativa al Gobierno pierde credibilidad si convierte a quienes lo apoyan en culpables colectivos. La exigencia de explicaciones debe dirigirse al poder y extenderse también a quienes aspiran a ejercerlo.
PP y Vox no necesitan desacreditar moralmente a los votantes socialistas para ejercer una oposición firme a Pedro Sánchez. Necesitan distinguir entre la responsabilidad de quien gobierna y la libertad de quien lo elige. Confundir ambas cosas debilita cualquier propuesta que pretenda defender el pluralismo y las instituciones.
En su columna sobre la política como salida a la confrontación, Agapito Maestre reclama a ambos partidos denuncias y propuestas concretas. Pero acompaña esa exigencia de una descalificación general de los electores socialistas, a quienes presenta como indiferentes ante las conductas que atribuye al Gobierno. Esa asociación no demuestra responsabilidad alguna de los ciudadanos: sustituye el examen de las decisiones públicas por un juicio sobre millones de personas.
El voto no es un certificado de adhesión a cada actuación de un dirigente. Tampoco concede inmunidad al elegido. Precisamente por eso, una oposición rigurosa debe identificar qué decisión cuestiona, qué regla considera vulnerada y qué corrección propone. La gravedad de una acusación exige más precisión, no una mayor intensidad verbal.
También conviene separar el acuerdo entre partidos de su justificación. Maestre celebra un pacto entre PP y Vox relativo al Senado. Sin embargo, el respaldo a un entendimiento político no debería depender únicamente de que perjudique a Sánchez. Sus promotores deben explicar su contenido y defender sus efectos institucionales: combatir al adversario no basta como criterio de buen gobierno.
La misma obligación alcanza a las propuestas de la oposición. Pedir explicaciones permanentes al Ejecutivo resulta coherente solo si quienes aspiran a sustituirlo aceptan rendir cuentas sobre sus propias decisiones. No hay una exigencia liberal para el Gobierno y otra más indulgente para sus competidores.
Persuadir implica reconocer al discrepante como un ciudadano capaz de cambiar de opinión, no como alguien que deba redimirse por su voto anterior. Si PP y Vox quieren ofrecer una alternativa convincente, su tarea es hacer más examinable el poder y más concretas sus propuestas. Descalificar al elector socialista no cumple ninguna de esas dos funciones.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
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