Pérgamo anuncia el cierre de su local de Madrid en noviembre en plena disputa por la marca
El responsable de la librería atribuye la salida a la presión inmobiliaria, aunque reconoce que la renta no ha subido. La familia fundadora cuestiona el registro del nombre por la sociedad gestora sin su conocimiento.
La librería Pérgamo, fundada en 1946 en la calle General Oraá de Madrid, ha anunciado que cerrará su establecimiento en noviembre. Su responsable, Pablo Cerezo, explicó a Europa Press que las propietarias han decidido no renovar el alquiler. La salida del local llega acompañada de un conflicto sobre la continuidad del negocio y el uso de su identidad histórica.
La disputa por la marca, desvelada por El País, tiene su origen en una solicitud presentada en 2024 por Xeito Libreros SL, la sociedad que gestiona el establecimiento. La Oficina Española de Patentes y Marcas concedió en junio de 2025 el registro del nombre Pérgamo, su caligrafía original, la línea que lo subraya y el color corporativo. La familia fundadora desconocía esa actuación.
Ana Serrano, propietaria del local e hija de los fundadores, sostiene que la marca pertenece a su familia. Cerezo rechaza haberse apropiado de algo ajeno y explica que decidió registrarla por consejo de un amigo ante la visibilidad que estaba adquiriendo la librería. El registro figura a nombre de Xeito Libreros, no del librero a título personal.
La actual etapa comenzó tras la jubilación de Ana y Lourdes Serrano en enero de 2022. El inversor Juan José Janeiro decidió hacerse cargo del negocio para evitar su desaparición. En junio de aquel año se constituyó Xeito Libreros, con Janeiro como administrador y Cerezo como apoderado.
Las hermanas mantuvieron una renta de unos 2.600 euros mensuales para facilitar la continuidad del legado familiar. Cerezo reconoce que durante estos años nunca le subieron el alquiler. Pese a ello, ha vinculado públicamente las dificultades de Pérgamo con la presión inmobiliaria que afrontan las librerías madrileñas.
El gestor defiende que pretendía denunciar un problema colectivo y que nunca señaló a sus caseras. Sobre la situación económica del establecimiento, alega falta de liquidez: las ventas y las actividades no bastaban para llegar con desahogo a final de mes. Janeiro, por su parte, sostiene que el conjunto de los costes hacía inviable el proyecto.
Un impago puntual del alquiler agravó la relación con la propiedad. Tampoco prosperaron las propuestas de Cerezo para comprar el local o reducir la renta, y Janeiro retiró su respaldo financiero. Serrano sostiene que nunca expulsó a nadie; el inversor afirma que ella no quería continuar con los actuales gestores y que él no podía seguir aportando dinero.
Cerezo asegura que continuará el proyecto y utilizará la marca en otro emplazamiento. Ana Serrano, mientras tanto, cuenta con ofertas de distintos negocios para alquilar el local de General Oraá, entre ellas la de una librería.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
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